Vida Social
La fuente de María
Lafuente culminó su pase en Cibeles con una surrealista procesión hasta la diosa
María Lafuente saluda al final de su desfile.
María Lafuente colapsó de éxito el Círculo de Bellas Artes. Se esperaban quinientos invitados, y al final solo había sitio para doscientos, y los que acudieron, todos, abarrotaron el Salón de Baile del Círculo. Así, la cita trajo cola previa y espera y hubo muchos que hasta optaron por el cigarrillo de antes. Algunos famosos televisivos no faltaron. Y todos esperaron con paciencia. Pero el plato fuerte surgió al final del desfile, cuando los y las modelos, como bellos y delgados muertos vivientes, procesionaron por la acera de la calle de Alcalá desde el propio Círculo hasta la plaza de Cibeles. Lo que allí se escenificó fue una light y estética toma de la emblemática plaza, que para colmo da nombre a la anual cita madrileña con la moda. Se hicieron unas fotografías, algunos filmaron y hacían ademanes a los conductores para que se detuvieran y que así la perfomance tuviera audacia, y regresaron al Círculo. Por entonces, ya habían llegado dos patrullas de la Policía Municipal de Madrid a ver qué pasaba. Pero la enjundia de la cita la ponía María Lafuente, y sería una pena que los árboles no dejaran ver el bosque; en este caso, Jardín de las Delicias, de El Bosco, que la diseñadora leonesa interioriza para expresar sentimientos a través de las prendas que crea. Unas, puro experimento. Otras, continuidad de su obra de y sus influencias. Lafuente siempre sugiere ese concepto filosófico para presentar una colección. Y en este caso, Tau narró en la pasarela las formas y colores del cielo al infierno, con la consiguiente evolución cromática que los modelos transportaron.