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León

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Desde el Rubicón F. ramos

Un buen día, un ingeniero industrial nacido en León -”en el páramo para más señas-” y venido de Madrid, ideó una criatura, un engendro, y lo hizo al más puro estilo doctor Frankenstein. Cogió un trozo de aquí y otro de allá y los fue pegando. Hubo uno que se resistía, pero el ingeniero no cejó en su empeño y como el creador del monstruo acabó por pegarlo a fuerza de electrocutar todas las vías que se resistían. Ya estaba la criatura, había nacido y tenía nombre: Castilla y León. Su creador: el doctor Martín Villa.

El engendro ha crecido, se ha hecho mayor de edad -”tiene ya 26 años-” pero como buen monstruo su crecimiento ha sido desigual. De los trozos pegados, algunos, aquellos que el doctor utilizó como base para el engendro, se han desarrollado más y más, mientras otros -”sobre todo aquel que nunca ha querido estar y al que siguen electrocutando para evitar el rechazo-” han visto como eran encogidos y ninguneados.

Ahora, 26 años después, el engendro sigue buscando su identidad, sigue tratando de pegar los trozos que lo forman, pero no lo consigue. ¡Y mira que se han gastado dinero desde la Junta de Castilla en hacer creer a la gente lo contrario! Los últimos 75.000 euros -”con el IVA incluido, no vayan a ofenderse los puristas castellanos-” los han empleado para crear la marca de Castilla, sólo de Castilla, porque en ella León ya no es León sino Leon. ¿Alguien se imagina que hubieran puesto Castilla con y?

Nadie, ni los de la derecha ni los de la izquierda, saben qué es y qué a o quién representa, pero punto en boca que todos han colaborado en su elaboración. Será por eso que el día de la presentación todos ellos miraban hacia el cielo esperando a que la divinidad se manifestara. Y lo hizo en forma de pajarita, que es lo que representa el logotipo por el que la Junta ha pagado 75.000 euros y que ahora venderá como la imagen de este engrendo que en su día ideó un paramés.

Está bien, ya lo dicen hasta los suyos, incluso varios de los que se sientan junto a él en su partido y en su gobierno: el consejero de Presidencia y portavoz apenas ha empleado casi tres años para pagar por un logotipo y poner en marcha un banco de pensadores que, por cierto, ha llegado a la conclusión de que a esta comunidad le falta identidad. Para este viaje no hacían falta alforjas.

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Una idea. Si para vender la imagen de Tierra de Sabor se ha pagado más de 300.000 euros a Gary Dourdan -”el detective Warrick de CSI-Las Vegas-” ahora que se traigan a Willian Petersen -”Grissom-”, al fin y al cabo es su jefe y seguro que éste encuentra la identidad del engendro.