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Opinión | n. gonzález
León

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E ntrar en el bombo es fácil pero que toque la lotería es mil de veces más complicado. Pero si las posibilidades no son las mismas para todos los números la cosa se convierte en una misión imposible. Y eso es lo que le ha pasado a la Universidad de León. Presentó con todas sus fuerzas, sus ganas y sus méritos el proyecto que habría de convertirla en campus de excelencia internacional, o lo que es lo mismo, en una universidad conocida en buena parte del mundo a la que le lloverían muchos millones para hacer frente a importantes proyectos. Demasiado bonito para ser verdad porque, de la resolución del Ministerio de Ciencia e Innovación se deduce que deberían haber realizado dos convocatorias distintas, una para las universidades que son inalcanzables (Madrid y Barcelona se han llevado ocho de las quince plazas) y otra para las universidades que intentan día a día hacerse un hueco en la historia académica de este país. Estaba claro que no todas las universidades competían con las mismas posibilidades y eso lo único que hace es fortalecer aún más a aquellas instituciones académicas que gozan de más privilegios y obstaculizar el desarrollo de las demás. Razón tenía el rector que hace unos días dijo: «¿Puede ser León un campus de excelencia internacional? La respuesta, la sabemos todos». Al menos Burgos y Salamanca lo podrán intentar el próximo año con más posibilidades. León, ni eso.

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