El fiscal baja la pena a no más de 18 años y la defensa a 9 meses
El relato de la persecución aportado por los testigos resultó a ratos escalofriante

La viuda, segunda por la izquierda, y sus familiares viajaron desde León para estar en la vista.
El Ministerio Fiscal solicitó finalmente una pena de entre 12 y 18 años de prisión para el imputado, al entender que ayer quedó probada la existencia de un homicidio, un delito de atentado y otro contra la seguridad del tráfico matizados por la eximente parcial de un trastorno moderado de la personalidad causado por un brote psicótico, por lo que de los 24 años que inicialmente se exigían, se pasó a la calificación definitiva.
Para el Ministerio Público, el testimonio del acusado presenta lagunas particulares que hacen pensar en una posible simulación: «Sólo tiene recuerdos concretos de lo que le beneficia, pero aquellos que procesalmente pueden ir en su contra, solamente los contesta con vaguedades o no se acuerda».
La acusación particular, que encarna la defensa de los intereses de la familia del fallecido, dejó la reducción de la condena inicial en 36 años: «No se acuerda de cosas que aparecen en el sumario, pero sí se sabe mi nombre», protestó el letrado de la acusación privada. «Tampoco sabe bien qué pasó, pero a los pocos días del accidente, mandó una carta al juzgado exigiendo que le devolvieran los 2.500 euros que llevaba en una riñonera cuando lo detuvieron».
La defensa entendió la ausencia total de responsabilidad penal: «Los peritos saben perfectamente que mi cliente estaba alterado en el momento de los hechos». Se quejó de que las acusaciones incluyeran entre los delitos supuestamente cometidos el de atentado «porque no hay ni un solo agente herido» y descartó la posibilidad de hacer frente a la responsabilidad civil subsidiaria a que pudiera tener derecho la esposa del agente muerto: «Tendrían que haberla traído al juicio para que explicara por qué pide una indemnización. Y lo mismo ocurre con el padre del acusado. No puede ser responsable de los actos que con su coche cometió su hijo porque no se le ha preguntado en esta sala y se estaría incurriendo en indefensión».
Una carrera de película. La larguísima prueba testifical con que contó la sesión, dejó perlas escalofriantes en el relato de la loca carrera que los agentes emprendieron tras el acusado.
«Llegamos a circular a 180 kilómetros por hora», explicó el compañero del agente fallecido. «Estuve a punto de chocar con dos coches a los que adelantó metiéndose por el medio», relató el conductor del coche camuflado que seguía al sospechoso. «Cuando se bajó del coche, no éramos capaces de sujetarlo entre cinco personas», explicó uno de los diez agentes que desfilaron por la sala de vistas. «Los guardias mandaron a un camión que nos arrollara», explicó ante la sorpresa general de la sala la compañera sentimental del imputado, que viajaba con él en el momento de los hechos. «Tenía las manos entre las piernas y resultó que lo que llevaba era una cámara, no una pistola».