Reportaje | miguel ángel zamora
A Cortés no le quitan lo valiente
El padre de Mari Luz visita la Iglesia Evangélica Filadelfia de León para transmitir la palabra de Dios: «Me reuniré con mi hija en el cielo, esa justicia no me fallará»

Juan José Cortés (a la derecha), antes de su visita a la Iglesia Evangélica Filadelfia.
Arrancar la grabadora y pararse el tiempo es todo uno. Puede hablar en una cafetería, en el atril de la Iglesia Evangélica, en la pantalla canalla ... pero el efecto que genera su verbo siempre es el mismo. Paz.
«He venido a impartir mi testimonio, a compartir mi experiencia y sobre todo a explicar la Palabra de Dios. No hay ningún motivo en especial. Me invitaron desde Benavente y los compañeros de León se pusieron en contacto con el pastor de allí».
Se apellida Juan José Cortés. La desgracia le ha puesto por nombre El padre de Mari Luz , la niña asesinada en Huelva por un pederasta. Ayer estuvo en León, contando la palabra de Dios a la comunidad evangélica Filadelfia: «Sólo quiero explicar que el sufrimiento tiene tratamiento». El aserto sabe a lanzada en el costado escuchado de su boca. «Cuando la vida no te favorece y los consejos de los amigos no son suficiente, sólo Dios te puede consolar y calmar los dolores del ser humano».
«Necesitas algo a que agarrarte cuando te pasa algo así y la fe ha sido mi tabla de salvación. La gente conoce al santo Job pero no en profundidad y en un texto bíblico él dice: -™Si yo estuviera en vuestro lugar, os animaría y os alentaría y mis palabras serían para ayudaros y para consolaros-™. Hablaba desde el conocimiento del dolor».
«Aquí estamos de paso y a todos nos tocará un día sufrir», advierte. «La única forma de prepararse es escuchar la palabra de Dios que lleva miles de años consolándonos a todos».
Huye de los tópicos. Porque es mentira que el tiempo lo cura todo. «Te ayuda a convivir con el dolor, pero no te lo quita». Y confía en la justicia divina, visto que en la humana no puede: «Nos agarramos a la Constitución para no cambiar el Código Penal, pero luego no la respetamos en derechos fundamentales como el que dice que todo ciudadano tiene derecho a una vivienda digna, que no se está cumpliendo...».
La siembra invisible. Da por buena la parte mala de la fama «si es que algún día sirve de algo. Yo he perdido mi intimidad pero he ganado el cariño de mucha gente que me ha mimado y me da las gracias por ayudarles a sentirse orgullosos de ser padres. Si la sociedad cambia de rumbo gracias a todo esto, bienvenido sea. Sé que es una siembra invisible. Yo no voy a recoger nada de lo que estoy sembrando, pero otros lo harán. Lo que yo he perdido ya no lo voy a recuperar nunca, pero a lo mejor puedo ayudar a que otros no sufran lo mismo.
Vienen las Navidades. Malas fechas para estas cosas. «Es muy duro. Nunca hemos estado separados en esta familia y unos días después de aquellas navidades nos llegó el dolor más grande que se puede sentir...».
En este viaje no cabalga solo y su compañera de fatigas tiene siempre su homenaje en los labios: «Las madres sufren. Las adoro. Transmiten los primeros sentimientos a la criatura y separarlas así... Mi mujer pone mucha confianza en mí, se agarra a Dios y se ha dejado caer en mis brazos. Yo quizá lo leve de otra manera, pero ella ha pasado mucho».
Finalizada la conversación, se le acerca un grupo de mujeres piadosas, interesadas en saludarlo. Besa una a una a todas ellas y escucha paciente lo que seguramente le habrán dicho mil veces, pero con la misma cara de agradecimiento que seguramente puso el primer día. Va para dos años el mes que viene. Se despide y sale a la calle. Por ahí va una buena persona...