Reportaje | A. Domingo
La Bañeza ondea de nuevo
La ciudad estrenó pendón después de que se perdiera su pista en Nápoles, en el año 1600

La entrada de los pendones en la plaza Mayor se desarrolló entre alardes de habilidad.
El pendón de La Bañeza volvió a ondear ayer en la ciudad después de 400 años. Fue en 1600 cuando se escribió el último documento sobre el estandarte, en verde y rojo, que se ha recuperado gracias al trabajo del cronista de la ciudad, Conrado Blanco, y del historiador bañezano Alejandro Valderas.
La presentación de la señera se convirtió en una fiesta no sólo para la ciudad, sino, también, para treinta y cuatro pueblos de las comarcas de la Valduerna, y de la Valdería, así como de la ribera del Jamuz y la vega del Tuerto. Incluso se contó con la presencia de algunos pendones astorganos, en un acto bautizado como Día de la Comarca, que nace con motivo de la presentación del pendón, y con vocación de perpetuarse en años sucesivos.
La presencia de treinta cuatro pendones en un desfile por la ciudad que se prolongó durante más de dos horas y media da idea de los estrechos lazos entre los pueblos y la ciudad.
La entrada de los paños en la plaza Mayor fue un espectáculo en el que cada pueblo hizo gala de sus habilidades con la vara y el remo. Ganas de agradar no faltaron a los pendonistas bañezanos, que metieron su nueva enseña en la plaza Mayor de rodillas. Los nervios del momento y la emoción de los presentes jugaron una mala pasada al mozo que lo pujaba, al que tuvieron que ayudar al perder el equilibrio, para que la vara no diera en el suelo. En el segundo intento se vio recompensado el esfuerzo del pendonista entre ovaciones y vivas a La Bañeza y a León.
La fiesta siguió con baile de pendones y una paellada de 1.500 raciones. La jornada finalizó con un concierto del grupo de folck Tornadera.