Reportaje | A. Domingo
Avellanas y flores para los Remedios
Luyego estrenó pendón en la fiesta de la patrona maragata

La patrona de la Maragatería se recoge bajo los arcos florales una vez finalizada la procesión.
Avellanas ( perdones ), almendras garrapiñadas, un gran ramo leonés, trajes maragatos y, este año, como novedad, el pendón de Luyego de Somoza recuperado, que ondeó en la entrada de la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de la Maragatería, que ayer celebró su fiesta y su procesión.
El tiempo respetó a la procesión -”no lo hizo así un trailer, que se colocó en el pueblo justo cuando la comitiva regresaba hacia la ermita barroca-”, quizá menos concurrida que otros años en los que el sol adornaba los mapas del pronóstico del tiempo para el segundo fin de semana de octubre.
El mercado que ha acompañado tradicionalmente a la celebración de la patrona comarcal se veía animado, con bastante público examinando el género -”de frutos secos a la artesanía en madera, pasando por antigüedades, textiles e ingenios afiladores-”, pero con algunos tenderos quejándose por la bajada de ventas con respecto a otros años.
La Virgen de los Remedios, salió puntual de su ermita. Con el tamboritero rindiéndole honores al son del himno nacional, en una comitiva que abrían los hombres, portando la cruz y el tradicional ramo leonés, que se ofreció al final de la misa mayor. Los niños portaban sus cestas con flores, las mozas los arcos y las mujeres acompañaban a la talla, de estilo barroco, que luce en esta celebración manto blanco y la corona que se le dedicó cuando, en 1955, se le otorgó el patrocinio de la comarca.
El sonido de la flauta y el tamboril de la parte delantera del cortejo contrastaba con los cantos a la Virgen Maragatina de las mujeres, alineadas en fila junto al paso. Entre maragatos y maragatas, junto a la procesión o entre los arcos florales, un buen número de curiosos trataba de conseguir la mejor fotografía de esta manifestación de fervor popular y folclore tradicional.
Por primera vez, la comitiva volvió a entrar en la ermita bajo el paño del pendón, en señal de respeto. La pedanía de Luyego ha recuperado su estandarte gracias el trabajo que ha desarrollado en el archivo diocesano, donde encontró la documentación que señala la alternancia del verde y el blanco en sus bandas. La enseña no acompañó a la comitiva durante su trayecto por el pueblo.
Cabe destacar el baile maragato que siguió a la procesión a la misa mayor, así como la presencia de muchos visitantes que, como se hacía antaño, reservaban su hueco en los alrededores del pueblo para la comida campestre que acompañaba a una jornada de romería, de la que se regresaba repartiendo los perdones en los pueblos de paso.