Con -˜b-™ de burrín
Carta te escribo martín martínez
Querido hermano: ¿Y por qué truhan no es preciso acentuarlo y burrín sí? Ahí lo tienes, este invento - de ordenata, debajo de truhán (sin acento) me ha colocado una rayita roja indicando que cometía una falta ortográfica. Si lo escribo sin hache automáticamente me corrige. Es casi tan listo como nuestro querido Salvador Gutiérrez que nos la ha liado cojo-¦losal con la nueva gramática ortográfica. La cual mercaré nada más que llegue a las librerías de Astorga. Hombre, yo que no soy especialista en la materia a pesar de haber hecho dos cursos comunes con Alarcos, padre, me enorgullecía, y me enorgullezco, de mis malos escritos porque puedo presentarlos sin faltas de ortografía. Mis primeros escarceos fueron con don Matías -”que también te desbastó-” maestro del pueblo quien con paciencia, y algún sopapo, nos iba inculcando las reglas más elementales de todas las materias, pues tenía a su cargo hasta ochenta arrapiezos de seis a 14 años; eso es mérito. «No me acentuéis la a como hacían los del siglo pasado; tampoco la o a no ser que esté entre dos números y así no se confunde con el cero».
Después, aquí, en la escuela preparatoria, tuve la suerte de topar con don Manuel Martínez Castro, don Esteban García y don Juan Seco sucesivamente. Y sucesivamente, por ese orden, nos iban desasnando. Los tres dominaban el Latín, que hasta bien mozos habían frecuentado las aulas del seminario, y don Juan le añadía el Francés. Sabían mucho de Gramática, hasta parda. De aquellas rapazadas, algunos seguimos siendo unos burrines (con b alta), y otros destacaron en diversos campos. Pero en algo sí estábamos todos igualados: en Ortografía. El orgullo de la prepa era que ningún alumno suspendía el ingreso en el instituto, ni el acceso al seminario; ninguno cometía faltas de ortografía. Creo que eran dos errores los que permitían por entonces para acceder a las aulas del instituto que se hacía con 10. Con un agravante: el dictado que te sacudían los examinadores estaba plagado de bes, uves, esdrújulas y la biblia en verso; aparte que teníamos que realizar las puntuaciones de coma, punto, punto y coma, guion (sin acento, corrector; si es que lo hay) o paréntesis según el espacio que el dictante (mejor que dictador) dejaba en su disertación. Hombre, bien es cierto que entonces, desde enanos nos hacían poner morritos -”nada que ver con los de León de la Riva-” para pronunciar la uve, colocando los piños superiores sobre el labio inferior. Hace años que ya no se practica esa modalidad, pero recuerdo cómo (esto lo acentúo o no don Salvador) José María Íñigo en sus primeras apariciones televisivas hacía un espectáculo con la pronunciación de la uve. Ahora, hermano, nuestro sabio catedrático y sus compis académicos, los de las 22, nos meten en un aprieto; lo cual nos obligará a tener a mano esa nueva ortografía. Si me pones esa tilde, te tildo de anticuado; ojo con esa hache intercalada y mira bien lo de la b baja y la b alta. Donde me hago un lío, querido, es en lo del bisílabo «solo», que nos dice el Sr.Gutiérrez que si es adjetivo no lleva acento y si es adverbio tampoco le hace falta. Así que habrá que recurrir a eso (pronombres que están en el mismo caso) de si nos cuadra con «solamente» es adverbio, y si no, adjetivo.
No sé si será correcto que por cien millones de mejicanos que dicen y escriben guion sin acento los otros cuatrocientos o quinientos millones que parece hablamos el español tengamos que amoldarnos. Pero como acatamos las leyes sean judiciales, civiles, militares, eclesiásticas, mediopensionistas u ortográficas, desde ahora guion irá así, sin tilde. Mientras tanto ya te diré el quebradero de cabeza que me ha traído eso de los apellidos y sus preferencias para los descendientes. Las abuelas tomarán parte en la guerra.