Diario de León
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León

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Carta te escribo MARTÍN MARTÍNEZ

Querido hermano: Las poblaciones pequeñas y un tanto alejadas de los ámbitos del poder siempre andan, una miaja, retrasadas; y sus habitantes, claro. Bien es cierto que no sufren los sobresaltos cuando la economía se desploma, ni contemplan el despegue meteórico cuando aparece la bonanza. Uno, siguiendo la historia y acarreando sus recuerdos tiene la memoria de esta Astorga de nuestros pecados y desvelos con un electro casi plano; sin grandes aspavientos económicos pero, también, sin grandes baches que en otras poblaciones son simas profundas.

Sí, hermano, a nuestra ciudad los periodos de bonanza y los depresivos siempre han llegado con cierto retraso. Los depresivos los hemos notado menos, porque esa actitud ha sido casi una constante. Tanto unos como otros siempre han aparecido como con sordina, sin alborotos, como no queriendo enojar a sus habitantes tan hechos a ese electro plano que te decía. Un ejemplo: esta crisis en la que ZP no creía aunque todos los profetas se lo anunciaran, ha retrasado su llegada a esta ciudad; por eso no quiero ni pensar lo que diría Zapatero si vive en Astorga. Cuando todos andabais con la soga al cuello -”años 2007-2008 y buen cacho de 2009-” nosotros vivíamos en la ciudad alegre y confiada. Mediado el último hizo su llegada el lobo envuelto en la niebla de la crisis; y si algún astorgano seguía a Zapatero aquí entregó sus armas. De la noche a la mañana desaparecieron las grúas que sobrepasaban la docena, quedando un par de ellas a ritmo lento, de bolero.

La crisis está aquí, hermano, en forma de ERE definitivo en una industria que en estos últimos 70 años ha sido el santo y seña de la ciudad. Aiptesa que llegó a alcanzar en sus años dorados los 200 empleados (o más), se había quedado en los dos últimos en menos de medio centenar, y tal vez cuando recibas ésta sus puertas estén candadas definitivamente. Aparte de la crisis puede que haya algún culpable más. Eran los años 40 cuando dos hermanos curas soñaban con implantar una industria textil en La Nora; sueño que les varió Ricardo Trabajo quien con el apoyo económico de Bernardo García, hizo que aquella industria naciera en San Justo, al borde de Astorga.

Este, querido, es el mayor mordisco que ese lobo ha dado en nuestra ciudad y comarca. Pero ha dejado mordeduras sin cuento en estos últimos meses; en talleres, pequeñas industrias, negocios casi familiares y autónomos que han tenido que prescindir de cuatro, tres, dos o uno de sus empleados; algunos han tenido que cerrar. Ahora que nuestro incrédulo Presidente -”también crédulo, porque cree que estamos sacando las orejas-” Astorga está sufriendo las más severas consecuencias.

En la casi desmemoria de uno está el recuerdo de cómo Astorga no se doblegaba en las épocas de crisis; mis recuerdos andan por los años siguientes a la cruel guerra civil, de crisis profunda, pobreza agudizada y hambre perpetua. Sin embargo en Astorga y su entorno funcionaban, y muy bien, varias industrias harineras, empresas de chocolate, fábricas de pasta y demás; hoy todas cerradas porque a ellas les llegó antes la crisis antes de esta crisis. En aquellos años difíciles se creó esta Aiptesa, hoy moribunda; la Papelera que a punto estuvo de fenecer y anda en plan de remontar; la Feculera y otras que para qué citar. Ahora, hermano, Astorga intenta agarrarse al turismo y así vemos, con satisfacción, que en breve contaremos con tres hoteles más. La ciudad con sus monumentos, su patrimonio romano, su oferta hostelera y una ciudad abarcable debe alzarse como lo que es, la capital del turismo en la provincia. Tenemos buenas mimbres y tenemos buenos cesteros. El cesto ha de salir redondo.

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