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León

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Carta que te escribo martín martínez

Querido hermano: Noto en la tuya, recibida ayer, que andas un poco mosca, como resabiado, vamos; ni tiempo he tenido para contestar a tus requerimientos postales. Y es que Astorga estos últimos quince días estaba sobresaturada de actos prenavideños, navideños, mediopensionistas y otros acontecimientos. A destacar, como no, ese centenario del nacimiento de Lorenzo López Sancho sin duda, hasta el momento, el mejor y más universal periodista, de tantos como ha producido Astorga. El Ayuntamiento para honrarle editó, en facsímil, su novela «La sequía» y en la casa donde naciera colocó una sencilla placa conmemorativa. Amén, querido de conciertos, conferencias, sesiones de cine, entregas de premios y otros entretenimientos como ágapes amistosos y empresariales me han tenido ocupado hasta el punto de no poder escribirte. Hasta poco he trasegado con Nolete, que ya es decir.

Pero no quiero que pase este «annus horribilis» sin desearte -”también a los tuyos-” felices días navideños, que despidas 2010 con salud y viento fresco y que 2011 te llegue cargado de salud que la bolsa, entre Zapatero con sus recortes y las eléctricas con su cada vez más alto voltaje, se encargan de vaciarla. Pero este año que cerramos, no ha sido en su mes de cierre tan malo; te cuento, hermano.

Ha sido nefasto, sí; pero estos días pasados me ha traído una sorpresa más que agradable; los reyes se han anticipado y han depositado un regalo navideño que no veas; aún tiemblo de emoción. Salvador Amaya, Salvita para casa y amigos, a través de eso que antes se decía «emilio» me comunicó, más o menos esto: «Martín, como símbolo de amistad es deseo de esta familia formada por Salvador, Amanda y Marina, que la escultura del rey García I, permanezca «per secula» en el número 8, 2º, B de la plaza San Miguel». Y ahí está, ya colocada en un pedestal, la efigie del fundador del Reino de León allá en el 910, asentando su corte los primeros años en la ciudad de Astorga, cosa que los de León ocultáis no sé por qué. El jurado, en la primera convocatoria del concurso escultural para celebrar el 1.100 aniversario del Reino de León, decidió no aceptar ninguna de las 18 propuestas presentadas. García I, obra de Salvita, el pequeño de Marino Amaya nuestro escultor universal, no estará en la rotonda del Melgar; sí estará su maqueta en bronce en una estancia de mi casa, pegadita a otro bronce que representa uno de los niños de Marino, aquellos que tanto él amó y tanta fama le dieron. Salvador ha heredado la vena artística de su padre, ya bien exhibida en numerosas ciudades de España; en León ya tenéis su muestra; y además, tan espléndido y tan amigo de sus amigos como lo ha sido su padre. Salvita ha hecho de generoso rey mago anticipado, dejando en la ciudad de nacencia de Marino una obra historicista que, cuando vengas por aquí, podrás admirar y te la enseñaré con orgullo. Sí, hermano, ha sido un regalo real que me ha emocionado, y a todos los míos.

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De la ciudad, el Ayuntamiento, su presupuesto mermado, su patrimonio aumentado y lo de encarar las elecciones tiempo habrá. Feliz año.