El antruejo se crece
La lectura del testamento del burro y la recuperación de una máscara del XIX, novedades de este año en Velilla de la Reina
Un guirrio coge por la cintura a una joven para hacerla pasar por encima de los cuernos del toro.
Como viene siendo ya habitual, cientos de personas, muchas de ellas llegadas de fuera de la provincia, acudieron ayer a Velilla de la Reina a presenciar el tradicional antruejo, fiesta declarada de Interés Turístico Provincial y que ha sabido mantenerse a lo largo de los años gracias al esfuerzo de la Asociación Cultural Toros y Guirrios y la dedicación de los vecinos de esta pequeña localidad entre la ribera del Órbigo y el Páramo.
El Antruejo de Velilla, adormecido desde la década de los cincuenta del siglo pasado por causa de la censura que el régimen franquista impuso a los festejos de carnaval, volvió a ser recuperado en el año 1979 por la mencionada asociación Toros y Guirrios, sin menoscabar su espíritu y ritos originales que pueden catalogarse entre los más antiguos de España.
Los guirrios y los toros son los protagonistas de una fiesta que supone una auténtica exaltación de la naturaleza y de la fertilidad femenina. Esta celebración se constituye en todo un ritual en el que los trajes tradicionales, los personajes del pasado, la música y la danza se mezclan dando al antruejo de Velilla un carácter realmente excepcional.
El espectáculo comenzó con el con el desfile de los madamitos y otros personajes y la tradicional cencerrada por el pueblo, acompañada en por los dulzaineros Los Riberanos y el Grupo de Bailadoras y Pandereteras de Velilla.
La plaza de la Veiga fue el punto de encuentro de los distintos personajes del Antruejo, que dieron paso a otros actos como el baile de jotas y danzas populares con dulzaineros, la exhibición de toros y guirrios o el rito del arado. El toro acomete contra el público y, especialmente, contra las mozas, también hostigadas por el guirrio que, cogiéndolas por la cintura, las hace pasar repetidamente por encima de los cuernos del animal. También concurren otros seres extraños, como la gomia, monstruo cuya cabeza es la del esqueleto de un caballo; los toros de saco, portados por chavales más jóvenes y cuyas embestidas son más temidas por las mozas; el oso, haciendo continuo alarde de fuerza; el cerdo o jabalí, con cabeza de este animal, vestido de saco y grandes cencerros colgando de su cintura; la máscara, con una oscura y terrorífica careta de madera; el hombre de las tenazas, que persigue a las mozas e intenta levantarles la ropa, y otros seres y figurantes ancestrales.
Como novedad este año se recuperó la lectura del testamento en vida del burro, antes de morir, al que sucedió un el baile al son de la pandereta del Grupo de Bailadoras y Pandereteras de Velilla. Para ilustrar la escena, se incorporó un carro cargado de enseres, pujado por un burro.
También como novedad se presentó una nueva máscara de zamarrón, de finales del XIX, recuperada por la asociación, tras ser localizada en un domicilio particular. La utilización de esta máscara ha sido puntual, ya que la asociación, después de presentarla a los vecinos, la depositará en el Museo del antruejo que desde hace años se prepara en la localidad.
Todos los asistentes pudieron participar además del espectáculo de la Vara de Torrajas y disfrutar de personajes como es el caso del toro de fuego.
Como broche, el pueblo invitó a todos los asistentes a escabeche y a rosquillas caseras, flores y orejas de carnaval.