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Opinión | Félix llorente

Cronista de mansilla de las mulas

Durante los días de ayer y hoy se celebra en Mansilla, como ya es costumbre, la Feria Medieval en su edición XVIII. Aunque ahora estos eventos se celebran con profusión en distintas localidades de la provincia, nos queda el orgullo sano de haber sido los primeros en rescatar unas jornadas que evocan el Medievo en su mejor imagen de puestos, talleres, artesanos, cambistas, música, bufones, juegos y malabares. Destacan entre los actos la tradicional degustación popular de viandas al estilo de la época, y de forma especial el Torneo Medieval, espectáculo de justas que se celebra a los pies mismos de la muralla, a la que se accede por la poterna del Postigo, puerta menor del recinto que sale al río Esla, que a su vez suministraba de agua al foso que rodeaba la fortificación.

La historia del poblado originario se inicia en la región astúrica lanciense, cuya capital era la conocida ciudad de Lancia. Su apogeo comienza en 1181 cuando el rey Fernando II de León concede a Mansilla la Carta Puebla, con aplicación del Fuero de Benavente. Aparece entonces como dueña de un poderoso alfoz y destinada a un papel estratégico importante como frontera entre los reinos de Castilla y de León, además de ser paso obligado del Camino de Santiago. Por ambas coincidencias, se dota a la villa de un espectacular aparato defensivo: su extraordinario recinto amurallado al que los historiadores describen como una poderosa fortificación que albergó un importante centro militar organizado en la línea fronteriza con Castilla entre los ríos Esla y Cea.

Esta construcción declarada Conjunto Histórico Artística en 1931, ocupa 20 hectáreas, con 1.600 metros de perímetro. El recinto está formado por tapias de cal y canto, coronadas con almenas sin saeteras. En algunos de sus tramos cuenta con más de 14 metros de altura, llegando a sobrepasar los 3 metros de anchura. Se conservan cinco cubos o torres albarranas de forma semicircular; en algunos aun se accede hasta el paseo de ronda de 1,08 m de ancho a través de 36 escalones. De las cuatro puertas principales la mejor conservada es la de la Concepción, que es por la que entraban a la villa los peregrinos que hacían el camino a Santiago por la Vía Trajana o Calzada Romana.

La importancia de la muralla queda reflejada a través de diversos documentos, en la preocupación constante de los reyes de León por su conservación y vigilancia. Se construyeron y se mantuvieron gracias a las hacenderas obligatorias entre los pueblos del alfoz, que a veces ya tenían asignado el arreglo de su «trozo de muralla concreto». No obstante con el paso de Mansilla de villa de Realengo a Señorío Concejil se pierde el cuidado y la preocupación por el estado de la muralla. Y el paso del tiempo, la apatía, la dejadez, el desconocimiento, y una serie de despropósitos, deteriora progresivamente su estado y a veces se llega hasta la destrucción y el saqueo. Con todo hay que reconocer que se han hecho dos actuaciones importantes por parte del Estado: una a principios de los años 70, y la otra recientemente. Así que a pesar de todos los avatares y desconciertos y de lo mucho que aún queda por hacer para consolidar algunos lienzos, que mas mal que bien siguen en pie y piden su conservación, nos reafirmamos en lo que escribe en la revista Mansilla en el Camino la historiadora mansillesa Fany López : «Ahí está para admiración de todos un recinto amurallado, levantado hace siglos con el trabajo y el sudor de muchos, y que debemos hoy mantener, cuidar y embellecer porque es el vínculo más evidente con el pasado, y el símbolo que en el presente da identidad a Mansilla».

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