SANTIAGO MILLAS
Recuerdos de un patio maragato
Veinte casas arrieras abren sus puertas al público para dar a conocer el peculiar espacio cuyo principal uso era acoger los carros para el transporte de mercancías

Vista de uno de los patios abiertos al público.
Muy cerradas al exterior, con el fin de protegerse de las inclemencia meteorológicas y de los curiosos, la vida en las casas de los arrieros maragatos giraba alrededor del patio. A éste abocaban las habitaciones y otras dependencias como cuadras, cocina y pajar y estaba preparado para acoger los carros que el transporte de mercancías precisaba. Patios sevillanos y cordobeses se publicitan por su belleza y ha llegado la hora de que los maragatos alcancen el lugar que merecen entre estos espacios singulares.
La Asociación de Amigos de Santiago Millas y los vecinos del pueblo (los de los barrios de arriba y abajo) facilitaron ayer al público conocer veinte de estos patios, espacios que, generalmente, permanecen cerrados, al encontrarse en propiedades privadas. Se trata de la segunda vez que la asociación abre los portones que hasta hace 250 años atravesaban los carros, en una actividad que nació con vocación bienal, con el fin de no agotar la curiosidad del público. No se permitió, sin embargo, el acceso de los visitantes a otras estancias que podrían despertar su curiosidad —el cuarto de respeto, por ejemplo, en el que se guardaban los objetos de valor de la familia— por guardar la privacidad de las viviendas.
Piedra, madera y barro se conjugan en la casa maragata y el pavimento del patio es un empedrado de formas geométricas, que, por lo general, disponía en la parte central de un murete que alcanzaba entre 30 y 40 centímetros de altura, con el fin de facilitar el giro de los carros a su alrededor (a modo de glorieta), que hoy, en muchas ocasiones, se ha reconvertido en un pequeño jardín, según explicaba ayer el vicepresidente de la Asociación de Amigos de Santiago Millas, Luis Antonio Fernández Herrero.
Las dependencias rodean el patio. En dos de sus lados se encuentran las viviendas, mientras que otras dependencias —cuadras, almacenes...— se construyen en la otra «L». La zona residencial, en la primera planta, dispone de una salida al tradicional corredor.
Fernández Herrero destacó el mayor tamaño de los patios arrieros de Santiago Millas en referencia a los del resto de Maragatería, ya que fue el principal centro arriero de la comarca. «Hace 250 años era el pueblo con mayor volumen de carros», explicó. Añadió que la casa maragata marca «la forma de vida» de una gentes «de carácter cerrado y muy de estar en casa y salir poco».
Durante la jornada, un buen número de visitantes —muchos cámara en mano, para inmortalizar recuerdos de un patio maragato—, se acercaron hasta la localidad. En los bares se les facilitaron los planos con las rutas marcadas por ambos barrios. Entre los patios de Santiago Millas destacan los de la Casa de la Monja, en el Barrio de Abajo, y las de Pedro García Matanzo, Santiago Rodríguez y la del cura en el de arriba.