Diario de León

«Nos han llegado a pedir 8.000 euros por el seguro de un solo año»

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El coto de Estébanez de la Calzada (término municipal de Villarejo de Órbigo) es uno de los que han deslindado terrenos huyendo de la carretera, «pero no con la mala fe evitar el pago de indemnizaciones», como, asegura su presidente, Laurentino Mateos, le reprochó en un juicio el letrado que defendía las tesis de un conductor.

En el aprovechamiento cinegético de Estébanez de la Calzada el deslinde, efectuado en el 2009, obedece «a la imposibilidad de cazar en el terreno situado entre la autopista León Astorga y la carretera Nacional 120», terreno que, una vez excluido supone un menor coste del seguro «al incluir menos hectáreas». El deslinde se aprovechó para alejarse por el margen derecho de la N-120 (Logroño-Vigo) «150 metros. Pero aún así, a la altura del cruce de entrada al pueblo, no podemos deslindar, porque el coto debe ser un terreno sin solución de continuidad y no podíamos dejar una isla al otro lado de la carretera», manifestó Mateos, que cifra entre 10 y 12 los accidentes que se han producido en el coto en el 2011, en la parte que atraviesa la vía.

El seguro federativo, el más caro. Los accidentes «nos están hundiendo. Nos han llegado a pedir 8.000 euros por un año de seguro y lo hacía Mutua Sport, que es el de la Federación de Caza», asegura el presidente de los cazadores de Estébanez, ante las indemnizaciones que deben afrontar. Mateos destacó que el deslinde «no se realizó para evitar nuestra responsabilidad. En la zona en la que se deslindó no hemos tenido accidentes, por lo que no sabemos si la medida funciona en un juicio».

El coto de Estébanez, al igual que otros, solicitó al Ministerio de Fomento «un vallado cinegético, que nos denegaron, y una mejor señalización vial», similar a la que instaló en las zonas de paso de caza la Junta de Castilla y León.

Mateos asegura que los corzos que se atropellan en el término del pueblo «proceden de nuestro coto, pero los jabalíes, no. Bajan del monte y, cuando encuentran el vallado de la autopista, —que sólo tiene un paso cinegético— se dan la vuelta.

Los cotos de los pueblos que no venden tarjetas de caza temen desaparecer. En Estébanez, que cuenta con unos 60 socios, el encarecimiento del seguro lleva a que los mayores dejen la caza, manifestó Mateos.

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