pandorado
La leyenda sigue viva
Más de 200 personas y 13 pendones acompañaron a la Virgen en la romería durante su camino hasta el Campo de Dios.

Los pendones rinden tributo a la Virgen.
Año tras año los omañeses muestran en Pandorado su devoción a la Virgen sacándola en peregrinación por el entorno de su ermita. En esta ocasión, alrededor de 200 personas se concentraron frente al templo para llevar a hombros a la imagen hasta el Campo de Dios, un lugar cercano, apenas a 400 metros de recorrido, que se imbuye en plena naturaleza. Además, la Virgen no estuvo sola en este camino pues entorno a 13 pendoneros de los municipios colindantes portaron sus enseñas durante esta romería.
Todo el pueblo amaneció en ambiente festivo, pues el día comenzó con música y bailes tradicionales mientras los pendoneros preparaban sus estandartes. A continuación, en torno a las 12.30 horas, sacaron a la Virgen, una talla románica que data del siglo XII aproximadamente, de su habitual estandarte dentro de la ermita. La procesión dio comienzo sobre las 13.00 horas. Todos los devotos recorrieron el camino que lleva hasta el Campo de Dios, donde los pendoneros en círculo rodearon a la Virgen, a la cual acompañaba el cura en el centro para oficiar la misa.
Al fin de la homilía los pendoneros y los romeros acompañaron a la imagen en el retorno a su templo. Al llegar al mismo los pendones formaron un elegante pasillo para que pasará la Virgen, mientras la música popular sonaba al son de las gaitas. Al finalizar los actos religiosos se repartió el pan y dieron comienzo los bailes, y juegos tradicionales, como los bolos.
Esta romería, como todas, tiene una leyenda detrás. Érase un mes de abril en el que todavía el trigo no había brotado. Los ocho pueblos que integraban el concejo de la Lomba, desesperados, hicieron una promesa firme de acudir todos los años al santuario si la Virgen les libraba de la asfixiante sequía. A los pocos días, los cielos se cubrieron y el agua empezó a manar en grandes cantidades.
Gracias al agua, los campos germinaron y se pusieron dorados, de ahí su nombre, Pandorado, por el tenue candor amarillo de los campos de trigo del pueblo. Desde entonces y hasta finales del siglo XIX, todos los años se asistía a un oficio en honor a la Virgen. Hoy por hoy, se celebran rogativas en mayo y la procesión el 15 de agosto.