Diario de León

La Vía de la Plata pierde tres kilómetros

Aunque no se conocía en su totalidad, el expolio del tendido férreo entre Valderrey y Celada, en la . comarca de Astorga, alcanza las mismas proporciones que en San Martín de Torres, cerca de La Bañeza.

Las encinas a ambos lados de la vía esconden a los ladrones entre Valderrey y Nistal.

Las encinas a ambos lados de la vía esconden a los ladrones entre Valderrey y Nistal.

Publicado por
A. Domingo | Redacción
León

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Pocas veces un línea férrea abandonada habrá registrado tanta actividad como la que se ha visto en el conocido como Ferrocarril de la Vía de la Plata o Tren del Oeste, a la que los rateros ya le han levantado al unos tres kilómetros de tendido desde el inicio de este año.

El miércoles pasado, el mismo día que la Subdelegación del Gobierno en León hacía pública la detención de una persona que transportaba raíles arrancados en San Martín de Torres (municipio de Cebrones del Río), en Valderrey el alcalde, Gaspar Cuervo, avisaba a la Guardia Civil al sorprender a tres hombres en la vía arrancando, con un todo terreno, los postes metálicos que, construidos con raíles excepto en su parte superior, sustentaban el tendido eléctrico, paralelo a la vía. Y es que Valderrey es el otro yacimiento de raíles para quienes hace negocio vendiendo los caminos de hierro como chatarra.

El expolio de la antigua línea Palazuelo-Astorga parecía centrado en San Martín de Torres y se conocía que entre Valderrey y Nistal (San Justo de la Vega) se habían levantado dos centenares de metros, pero últimamente se han llevado más de un kilómetro de tendido.

Un talud de evacuación

La línea se interrumpe cerca de la estación de Valderrey, en el cruce con la carretera provincial que lleva a Nistal, y vuelve a verse cerca de celada. Un kilómetro y medio, aproximadamente, de vía de la que no han dejado más que algunos tornillos y dos semáforos que quizá no cabían ya en el furgón.

Frente a Nistal, donde el camino férreo discurre por un talud antes de llegar al puente sobre el río Turienzo, se observa cómo la tierra se ha removido al haber aprovechado la caída de terreno para desplazar los raíles cortados con el soplete, la tornillería y otras piezas hacia lugares accesibles para su carga, posiblemente en furgoneta. Abajo, en los caminos, se observan rodadas recientes de vehículos. En otros puntos se ha aprovechado los pasos de los caminos sobre la vía como punto de carga.

La vía, y la maleza que ha crecido desde que dejaran de pasar los convoyes a mediados de los 80, reaparece hacia el punto kilométrico 342,5, cuando ya se avistan las casas más cercanas de Celada.

La limpieza de la línea llega al punto de que el puente sobre el Turienzo carece de raíles. Sólo a su entrada y salida y en el cruce con un camino no han podido arrancar unos pocos metros del metal que, después, los ladrones venden como chatarra, a unos 18 céntimos el kilo. Además, se ha arrancado, sacándolo de una arqueta enterrada, el cable que suministraba electricidad a los semáforos. Tan sólo queda de éste la vaina que lo envolvía.

Robar vías en Valderrey es más fácil que en San Martín. Las encinas que bordean el trazado esconden a los malhechores durante un buen tramo. El propio relieve los parapeta en otros y no son tantos los puntos que dejan al ladrón al descubierto como en San Martín, donde ha desaparecido otro kilómetro y medio de tendido.

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