maría manuela álvarez álvarez, 87 años tres años en la residencia de riello
«Esto es muy animado, tenemos hasta fiesta»

Manuela Álvarez muestra uno de los adornos navideños que ha realizado este año.
A sus 87 años de edad, María Manuela Álvarez Álvarez mantiene intacta su sonrisa y su coquetería. Para ella, pasar las navidades en la residencia de Riello, donde vive desde hace tres años, significa «tranquilidad, porque yo ya no puedo estar sola, aunque tengo casa, pero caí y rompí una pierna, y me daría miedo», explica. Además, el programa de actividades de estas fechas, con villancicos y talleres, le gusta, y reconoce que «esto es muy animado. Aquí tenemos hasta una fiesta», remarca.
La residencia de la tercera edad de Riello se convierte durante esta época especialmente en ese hogar cálido del que carecen ya la mayoría de sus usuarios. También ejemplifica el escaso movimiento que se produce fuera de los centros de la provincia en Navidad, con un sólo residente de los 26 que se traslada con su familia a Gijón. El resto, salvo salidas puntuales a cenar, pernocta en las instalaciones, ubicadas en la carretera de La Urz.
Manuela nació en Lago de Omaña, muy cerca de la residencia, que se nutre con el censo envejecido de los 40 pueblos del municipio y Soto y Amío, principalmente. Sus ojos azules se iluminan al hablar de su pueblo, donde trabajó en el campo, «como todos», de oficiala de un sastre y ayudando a su padre zapatero. «Pasaba mucha gente por aquí, hasta de Irede de Luna y Barrios, era una localidad importante y yo conocía a la mayoría de los vecinos de la zona», indica. De hecho, en la residencia coincide con gente del entorno, como Hermelinda García, de Salce, (90 años) que asegura «que si hay que bailar, se baila el día de la fiesta, y tomar el chocolate». También está el hermano de ésta, de 82 años, y unos primos que son matrimonio, o Pepe Rodríguez, de Lagüelles, que vivió 57 años en La Magdalena. Manuela, «soltera y sin compromiso», según bromea, disfruta de las fiestas en el centro. «Hacemos trabajos manuales, como coronas de cartón forradas, adornos y los viernes nos dan gimnasia», enumera. También saboreará los turrones, la sopa de marisco, las patatas con langostino y la chaca con que les agasaja la cocinera. Recuerda que salió un día, «para la fiesta de Lago, pero volver... no, estoy bien aquí, y cerca».