Una inglesa se convierte en víctima del ‘turismo sanitario’ sin ir al médico
Le exigen que vuelva a solicitar el permiso de residencia tras 40 años en España.

Teresa Spooner y Pedro Lorente, su pareja, buscan la solución al problema de residencia de ella.
Teresa Spooner llegó a España en 1972 para estudiar español y, como le sucede a un buen número de extranjeros, se enamoró del país. 40 años lleva en España y el 9 de abril de 1991 consiguió su inscripción en el Registro Central de Extranjeros del Ministerio del Interior como residente comunitaria con carácter permanente. Casada con un español y madre de tres españoles no podía imaginar entonces que su estancia aquí podía pender de un hilo y, mucho menos, cuando la situación se produce por la Orden 1490/2012 del Ministerio de la Presidencia por la que se adoptan medidas para evitar los costes que supone a las arcas del Estado el denominado turismo sanitario .
El problema de Spooner, que llegó a España con 18 años, comienza el día 8, cuando, como es obligación de un extranjero residente en España, comunica su cambio de domicilio. De Celada de la Vega pasa a residir en Astorga, por lo que se dirige a la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía en la ciudad para realizar el trámite.
Es entonces cuando le comunican que debe acreditar que cobra 532 euros al mes para no tener que iniciar de nuevo el trámite para solicitar la residencia. Como trabajadora fija-discontinua, Teresa Spooner se encuentra desempleada y no cobra el subsidio correspondiente «porque mi sueldo me permite vivir bien y no es el momento para pedirlo. Mejor que lo cobre otro que lo necesite». La súbdita inglesa trabaja en una tienda dedicada a los peregrinos, propiedad de su pareja actual, Pedro Lorente, que cierra en los meses de invierno, cuando disminuye el paso de romeros, pero sus nóminas y contrato laboral, asegura, no han convencido a los funcionarios: «Tan sólo nos han explicado que todo es consecuencia del decreto para evitar el turismo sanitario y que el modo de proceder corresponde a las directrices internas que se les han facilitado», explica la pareja. Y todo «por hacer las cosas bien. Si no hubiera ido a comunicar el cambio de residencia no hubiera pasado nada».
Por el momento, Spooner y Lorente consultan el caso con abogados y van a tratar el asunto en la Subdelegación del Gobierno en León. «Hemos llamado por teléfono, pero nos han dicho que tenemos que ir a León», señala.
La británica se siente «impotente, indignada, furiosa, de todo...» e incluso teme por su futuro en España. En los últimos días ha visitado la comisaría en tres ocasiones «y la última vez nos tuvieron esperando de nueve y cuarto a dos y veinte». Cosas del embrujo español.