UN AÑO DE LA III MARCHA NEGRA. SOMBRAS (Y POCAS LUCES) DE LA GESTA MINERA
La noche que Madrid se hizo minera
Ovacionados por miles de personas hace un año, los mineros denuncian hoy su olvido y el de las cuencas.

La columna leonesa alza las cachas y las banderas a su llegada por la tarde a Moncloa.
Al grito de «aquí están, estos son, los héroes de la nación», ayer hizo un año, Madrid se rindió a los mineros. Llegaron con los pies reventados por 500 kilómetros de asfalto y con la dignidad por encima de las torres Kio. El pueblo de Madrid, que no sus gobernantes, recibió a los héroes del carbón, como a reyes. Y los mineros iluminaron Madrid, de la Ciudad Universitaria a la Puerta del Sol, con sus lámparas y su lucha.
«No tengo palabras para descibir lo que sentí. No me esperaba el apoyo que nos brindaron. Pero fue como la gaseosa. Según llegó desapareció. Mucho, mucho y a día de hoy estamos en el limbo del olvido», afirma Enrique Fernández Ganzo, Babiano , un año después de la gesta. Es uno de los 84 mineros de las cuencas leonesas que participaron en la III Marcha Negra. A Madrid llegaron, fundidas en una, las columnas negras que partieron el 22 de junio de Asturias, Villablino, Bembibre y Puertollano (Ciudad Real) y días antes desde Ariño (Teruel).
Babiano trabajaba en el cielo abierto de Fonfría y ahora está en el paro. «Estoy un ERE desde marzo hasta septiembre y no sabemos si volveremos a trabajar o nos encadenarán otro ERE», asegura.
La marcha minera, añade Jesús Ruiz Tejerina, de Villar de Santiago, «fue inútil del todo: después de un año estamos sin cobrar y sin trabajo seguro». Pero «no me arrepiento —matiza— conocí a mucha gente buena».
La tarde del 10 de julio de 2012 recorrían la etapa de Aravaca a Madrid por la A-6 y «teníamos muchas ganas de entrar». Jesús mantenía «la esperanza de que se solucionara algo». Pero no.
Un año después hay voces dolidas. Como la de Montse, esposa de un minero berciano, que llegó a Madrid con las uñas caídas. Al poco tiempo fue despedido, ganaron el juicio y fue readmitido. Trabaja pero no sabe cuándo cobrará. Su hijo, también minero, ha vuelto a casa por falta de medios.
«Se ha perdido la unión minera. Esto se acabó», lamenta recordando a los trabajadores del cielo abierto escoltados por la Guardia Civil. «Fuimos a la lucha cuando no nos afectaba y luego no tuvimos el apoyo de los mineros», alega.
«No me esperaba el recibimiento que tuvimos», agrega Roberto Quintas Morán, hoy prejubilado y vecino de Oviedo después de 23 años de tajo. «Tengo muy buen recuerdo. Fue una buena experiencia a nivel personal aunque no sirvió de mucho», concluye consciente de la situación que se vive en Laciana y el Bierzo.
«Volvería a Madrid a ojos cerrados, pero estoy apesadumbrado por la situación que vive León. Es una lástima pero no sirvió para nada», señala Moisés Martínez Alonso, de La Robla y trabajador de la Hullera Vasco Leonesa. Está en activo pero advierte que «si no nos movemos nuestra forma de vida se va al traste» y apunta hacia los intereses de las eléctricas y una «mala gestión» de «políticos y líderes sindicales».
Un año lleva retumbando en su memoria la promesa de Toxo, el secretario general de Comisiones Obreras: «Dijo que vendría a León y mira lo que está pasando en Villablino y no ha cumplido su palabra».
Junto a la emoción que sintió al entrar en Madrid resuenan otros episodios menos memorables: «El tercero en discordia, USO, intentando reventar la huelga antes de que llegáramos a Madrid». Lo mejor de aquellas 20 jornadas a pie, «el apoyo que la gente nos dio en la calle y el compañerismo durante la marcha». Las Mujeres del Carbón recuerdan la gesta el sábado 13 de julio con una marcha por Madrid.