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León

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No hay duda del interés de los restos de Santa María de Nogales, la abadía que se fundó en 1150 en Santa Esteban gracias a Vela Gutiérrez y la condesa Sancha Ponce, que donaron los terrenos. Durante siglos se rigió por la regla de san Benito y, luego, llegó el expolio, hasta llevar a la ruina al recinto monacal.

En la Hispanic Society de Nueva York se encuentran los sepulcros de Suero de Quiñones, sobrino-nieto del caballero del mismo nombre que protagonizó la gesta del Paso Honroso y de su esposa Elvira de Zúñiga. El noble falleció en 1590 y los enterramientos cruzaron el océano en 1913. León y San Esteban de Nogales perdían parte de un patrimonio de un monasterio cuya ruina se aceleró desde los años 60 del siglo pasado. Pero, en cualquier caso, el destino de la última morada de los nobles se encuentra en un espacio apropiado. El destino del arco desaparecido, una bodega-restaurante fue bastante más prosaico.

Parece que el peligro de desplome de paredes a medio derruir mantiene las pocas piezas de interés que aún conserva el recinto a primera vista y, visto el resultado de las intervenciones parciales, resulta mejor que la maleza proteja sus tesoros.

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