Diario de León

El fuego arrasó en León una superficie de 95.791 hectáreas en la última década

Las zonas no repobladas tardan hasta un siglo en regenerarse, según los expertos.

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maría carnero | león
León

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A pesar de que en lo que va de año se están registrando los mejores datos de incendios de la última década en la provincia, León sigue encabezando la trágica lista de siniestralidad forestal a nivel nacional. Según los datos recogidos por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, desde el 2003 y hasta el 31 de septiembre de este año, la provincia ha sido testigo de un total de 5.840 incendios forestales, que han quemado 95.991 hectáreas, lo que representa una superficie bastante mayor a la de la isla de Lanzarote, que cuenta con 84.600 hectáreas. Esto pueda dar una idea de la pérdida ecológica que hay detrás de la que se considera la peor lacra medioambiental del siglo.

A parte de las incalculables pérdidas económicas que hay detrás de un incendio forestal, hay que tener en cuenta el daño ecológico que se produce en el medio ambiente, en la mayoría de los casos, irrecuperable. Según el presidente de la Asociación Profesional de Agentes Medio Ambientales de León (Apafle), Pedro Díaz, «de no ser por la intervención del hombre, que através de los trabajos de reforestación trata de recuperar las zonas afectadas por los incendios forestales, serían necesarias décadas, casi hasta siglos, para que lo que hoy es un área arrasada por el fuego vuelva a ser un bosque».

En este sentido destaca que las zonas en las que se más incendios forestales se producen en la provincia, como es el caso del Bierzo, o de la Cabrera, las áreas arboladas afectadas por los incendios forestales se convierten con el paso del tiempo en brezales. «Esto no significa que la zona esté recuperada, a pesar de que en meses recupere el color verde típico del brezo, sino que se convierte en una zona más vulnerable a sufrir nuevos incendios forestales». Esta afirmación tiene una explicación científica, según concreta Pedro Díaz, ya que el brezo es una planta pirófita , es decir, amante del fuego, lo que aumenta sus posibilidades de volver a arder.

De no ser por las repoblaciones, mayormente de pinos, que desde las distintas administraciones se hacen en las zonas afectadas por los incendios, estas zonas nunca volverían a regenerar especies arbóreas por ellas mismas. La plantación de pinos favorece el crecimiento de otras especies, que auspiciadas por su sombra, crecen de manera natural. Es el caso de roble, del abedul o del melojo.

Otro efecto especialmente grave de los incendios sobre la fauna es la muerte de aquellos animales que no pueden escapar del fuego o la migración de otros por la pérdida de pastos y hábitats. Además, los incendios son una importante fuente de emisión de gases de efecto invernadero y, por tanto, una de los factores que contribuyen al cambio climático. Los daños que más gravan las pérdidas de los incendios son los ocasionados en los productos maderables, en el suelo y en la pérdida de biomasa y de CO2. Todo ello, unido a los gastos de extinción, disparan los costes de los incendios a los 7.900 euros por hectárea, como media.

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