Diario de León

solanilla

250 cuartillas que ‘retratan’ el pueblo

La memoria de la zona queda reflejada en decenas de dibujos hechos por el pedáneo. Su pasión desde hace décadas por describir su entorno en dibujos a lápiz ha permitido que su pueblo, Solanilla, disponga hoy de una auténtica hemeroteca de lugares y costumbres que se muestran hoy en un audiovisual.

Llamazares, en el paraje del dibujo que sostiene en las manos. Al fondo, el alto de San Esteban.

Llamazares, en el paraje del dibujo que sostiene en las manos. Al fondo, el alto de San Esteban.

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pilar infiesta | redacción
León

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Campos sembrados de lino, rebaños de ovejas, la limpieza de las eras, los aperos, decenas de herramientas y caminos, junto con estampas curiosas de caza y hasta la matanza del cerdo ilustran parte de los 250 dibujos rubricados por el pedáneo de Solanilla sobre la vida y el paisaje de este pequeño pueblo de la Sobarriba durante las últimas décadas.

Armado con un lápiz y un bolígrafo, unas cuantas cuartillas, dosis de paciencia y buen ojo, Antonio Llamazares ha ido retratando sin cámara las escenas más singulares de la localidad «según se me iban ocurriendo». Amable y humilde, este ex taxista jubilado de 67 años reconoce que sus dibujos «son sencillos y descriptivos». Asegura que no es «ningún Picasso, ni lo trato, sólo hago trazos naturales, y el resultado de algunos, sobre todo del entorno, han quedado realmente decentes».

Un audiovisual, El reflejo del espejo de la cómoda , que se emitirá hoy, a las 18.30 horas en las antiguas escuelas de Solanilla, condensa su pasión artística. Producido por Blancanieves Rodríguez, pretende ser un homenaje a este pedáneo singular y al día a día que vivieron los abuelos del pueblo, con sus juegos y lugares comunes. Al mismo tiempo, se exponen en el local una veintena de sus ilustraciones, que muestran dos de sus rincones favoritos, el antiguo humedal de La Juncal y el monte de La Cota, hoy abandonado, pero antaño con gran uso ganadero y maderero.

«Mi intención desde hace muchos años era ir recopilando cosas del pasado del pueblo. No soy un profesional del dibujo, pero empecé a pintar lo que veía en mis ratos libres, muchas veces, desde el asiento de mi vehículo», comenta Llamazares. Después escribió textos «para recordar los sentimientos de aquellos momentos». Los folios le gustan mientras los trabaja, luego «los arrincono y digo, algo vendrá mejor».

El pedáneo de Solanilla, donde figuran 60 censados, se empeñó en recuperar las viejas escuelas que ahora se abren para los concejos, charlas y el vermut del domingo. «Tiene un bar que atiende la junta vecinal para que, al menos, un día a la semana, haya un lugar de charla y reunión», explica. También limpia las fuentes y ha restaurado incluso algunos cuadros de la localidad, uno de seis metros de largo. «No me comparo con el de la Capilla Sixtina, pero todo lo que sea arte me gusta, la música, escribir, pintar. ¡Tengo tantas cosas que hacer!», confiesa. El próximo reto, formar parte de un grupo de trabajo que no deje caer en el olvido a la Sobarriba y sus costumbres.

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