«No se van a llevar al guaje, aunque nos detengan; ya nos quitaron uno»

La madre (con sudadera), las dos abuelas y un amigo, ayer en su casa de Santa Lucía.
Desde hace ocho meses sólo pueden ver a su primogénito durante una hora los miércoles en el centro de acogida Alba, al haber asumido la Junta la tutela. Un tiempo «mínimo e injustificado», creen, que parece que somete a los padres y al pequeño a un régimen carcelario. La madre, que cumplió hace tres meses la mayoría de edad, conoce a su pareja, un adolescente de 16 años, «de toda la vida en el pueblo». Reconoce que, aunque no se esperaban el embarazo, les hizo mucha ilusión «e intentamos dar a nuestros pequeños todo lo que necesitaban». Consideran «terrible» que Servicios Sociales —cuyo gerente ha preferido mantener el mutismo sobre el tema—, les impidiera celebrar con su bebé su primer cumpleaños y explican que le han encontrado «con un moratón en la cara y el culín escocido. ¿Es eso cuidarle mejor ahí que nosotros?». Las abuelas, de 54 y 34 años, que han superado varios baches en sus vidas y que están dispuestas a hacer lo que sea por sus hijos y nietos, se sienten profundamente dolidas con la situación de desamparo frente a la Administración. «Yo tuve a mi hijo con 17 años y nunca vino la Junta a decirme nada a mi casa», indica una. La otra afirma que «si tengo que pasar fame para atender a los míos, la paso, y si tengo que pedir, voy al cura, no a la Junta».
Ambas familias han hecho piña para hacer ‘desaparecer’ al bebé de dos meses en un intento desesperado de no perderlo. «No se van a llevar a este guaje, aunque nos detengan; ya nos quitaron uno que esperamos recuperar», aseguran.
Padres y abuelas se sienten amenazados por los Servicios Sociales, que «ya habían dado en adopción a Neizan, pero les salió mal porque hemos denunciado y hemos cogido una abogada para defendernos, ya que sólo vemos artículos de leyes que no comprendemos, pero que nos quieren arrebatar lo que más queremos», aseguran.