COLABORACIÓN CIUDADANA
Los asistentes a un funeral cogen al atracador del colmado de Matalobos
La tendera dio la alarma pese a recibir varias descargas de una pistola eléctrica

Delfina Arias relata el suceso en su tienda de Matalobos del Páramo, ante un cuñado y un tío suyos.
«Quiero dar las gracias a los vecinos del pueblo por capturarlo y a la Guardia Civil por actuar como debe». Es el final feliz del intento de robo con violencia e intimidación a la tienda-estanco de Matalobos del Páramo (municipio de Bustillo) en el que la agradecida responsable del negocio, Delfina Arias, de 47 años, recibió varias descargas con un arma de electrochoque, también conocida como taser o pistola eléctrica. La intervención de los vecinos de Matalobos, que salían de un funeral cuando la tendera pidió auxilio, permitió acorralar al delincuente tras una persecución a pie. Una vez que la Guardia Civil llegó al lugar, arrestó al presunto autor de los hechos, un joven de 28 años, vecino de Veguellina de Órbigo (municipio de Villarejo de Órbigo).
El suceso se produjo pasadas las 12.30 horas, cuando la mayor parte de los vecinos de Matalobos y otros pueblos de los alrededores asistían a un funeral. En el ultramarinos del pueblo, un joven que no levantó las sospechas de la comerciante, pedía una cajetilla de tabaco «de una marca que yo no conocía», explicó Delfina Arias. La dependienta se volvió hacia la estantería donde expone el tabaco, momento que aprovechó el falso cliente para agarrarla y descargar en repetidas ocasiones la pistola de electrochoque «en la columna» y, después, en el brazo izquierdo, mientras la llevaba hacia la caja del establecimiento.
Sin embargo, Delfina Arias logró soltarse de su captor y escapar a la calle por la puerta de su domicilio, comunicado con el establecimiento comercial y muy cercano a la plaza de la iglesia, donde los feligreses salían ya de la misa para dirigirse al cementerio. Fue entonces cuando la agredida gritó pidiendo auxilio y los vecinos, incluso «los que no corríamos desde hacía años», iniciaron la persecución del asaltante, que, tras atravesar la plaza frente al local, cogió la carretera en dirección a Huerga de Frailes y se escondió posteriormente «en un camino sin salida». A la persecución se unieron algunos turismos y los intentos del asaltante por esconderse fueron vanos. Los vecinos le rodearon y fue entonces cuando aparecieron cuatro patrullas de la Guardia Civil, que, provistos con chalecos antibalas —el aviso anunciaba la presencia de un hombre armado—, procedieron a la detención. El arrestado no mostró resistencia a los agentes, si bien antes había arrojado su arma a un reguero. Poco después y en su presencia los agentes localizaron la pistola eléctrica.