CARNAVAL | Velilla de la Reina
Tradición con homenaje a los pastores
Un rito de fuerza, bravura y fecundidad para hombres, mujeres y tierras.

Un guirrio levanta a una moza ante un toro, en un antruejo que cumplió con el rito para obtener la fertilidad de la mujer y de la tierra.
Velilla de la Reina no miró al oscuro cielo, disfrazado de nubarrón malhumorado, y el pueblo se echó a la calle para celebrar su antruejo. Guirrios, toros, madamitos, el oso, antruejos... personajes hubo más que nunca en un año en el que se rindió homenaje a los pastores, motivo por el que se instaló un corral con unos cabritos, en recuerdo de cuando el ganado dormía en las tierras para abonarlas y conseguir el máximo rendimiento, la mayor fertilidad de la madre tierra, que despierta con la llegada de la primavera.
La comitiva de toros y guirrios desfiló hasta la plaza de la Veiga, donde bailaron y torearon sin capa para que con las embestidas llegue al varón el vigor fecundante. Los toros también acometieron al público y los guirrios a las mozas, levantándolas por encima de los astados de sábana blanca, también como símbolo de la fecundidad de la mujer, que trae hijos para trabajar la tierra. Los antruejos hicieron demostración de su fuerza, en un rito con orígenes celtas y algunos elementos de la Roma clásica, según creen entrever los estudiosos de la etnografía, que apuntan a que los personajes de la mascarada son espíritus protectores agrarios e incluso antepasados.
El arado abrió los surcos y se hizo la siembra, también se esparció ceniza en abundancia y se degustaron los tradicionales dulces de antruejo: flores, orejas y rosquillas, los frutos que se esperan recoger a su tiempo.