Diario de León

SAN ESTEBAN DE NOGALES

Una romería que vale un río

Los vecinos cumplen con la tradición y pasan el puente de ramas para acompañar a san Jorge y a la Virgen del Rosario hasta la ermita situada al otro lado del Eria.

La reliquia de san Jorge cruza el Eria por el puente de palos y piedras.

La reliquia de san Jorge cruza el Eria por el puente de palos y piedras.

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a.g. valencia | san esteban
León

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Con la mirada puesta en el cielo y en el río, los vecinos de San Esteban de Nogales cumplieron ayer con la tradición que manda procesionar el relicario de san Jorge hasta la ermita, cruzando para ello el Eria a través de un puente que cada año los lugareños levantan en hacendera para este fin. Palos, maderas, hierbas secas y piedras son las bases de la pasarela que como recuerdan en el pueblo el río se volverá a llevar por delante en invierno. Una tradición que le ha valido a la fiesta el título de Interés Turístico Provincial y que junto al sentimiento religiosos pone en valor las costumbres de esa tierra. Así también lo destacó María José de Castro, la vecina que este año protagonizó el discurso dedicado al patrón.

A la una del mediodía y cuando parecía que las nubes empezaban a escampar, las mozas del pueblo vestidas con el traje regional sacaron a la Virgen del Rosario a hombros de la iglesia para acompañar a san Jorge en el trayecto. El patrón portado por los hombres y la talla de la Señora cruzaron el puente junto a los vecinos, el pendón y la pendoneta, y al ritmo de la dulzaina y el tamboril.

Este año las obligaciones académicas de los danzantes dejaron solo al patrón, aunque no por ello le falto compañía. Vecinos de todas las edades sacaron del armario sus mejores galas y los trajes típicos. En la otra orilla del río y sanos y salvo esperaba a las dos imágenes la talla del Cristo Crucificado que el pueblo custodia en la ermita. Tras darles la bienvenida continuaron hasta el templo para rodearlo tres veces como establece la costumbre. En esta ocasión, la lluvia que volvió a aparecer por sorpresa, obligó a apurar las vueltas. En total, entre la víspera y el día de la romería la tradición impone rodear nueve veces la ermita, que según cuentan recuerda las vueltas que dio san Jorge para matar al dragón.

Una vez en el templo y ya con los paraguas cerrados en los alrededores, los alcaldes de Villageriz, Castrocalbón, Santa Elena de Jamuz, Quintana del Marco, Alcubilla de Nogales, Fuentencalada, Alija del Infantado y también de la localidad anfitriona protagonizaron la ofrenda floral.

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