Juan Luis Rivero Consejero delegado de azucarera
«El objetivo es volver a las 10.000 hectáreas de remolacha en La Bañeza»
Convierte la supresión de cuotas en una oportunidad de crecer en calidad y en cantidad, de manera que los agricultores, «los mejores de Europa», obtengan un buen rendimiento de un «cultivo seguro». Para conseguirlo hay que exprimir la tierra, la remolacha y los costes de producción.

Rivero apuesta por mayores rendimientos y una rebaja en los costes de producción.
—¿Le preocupa la baja producción de remolacha de esta última campaña?
—Hemos acabado la campaña en casi 467.000 toneladas en La Bañeza, algo más de 1.400.000 en la zona norte, cifras que esperábamos en vista de la mala climatología que habíamos tenido en las siembras. Además de quedarse corta la superficie, también sabíamos que los rendimientos iban a ser más bajos. Creo que hemos acabado en 90 toneladas por hectárea, lo cual está muy bien para la fecha de siembra y, sobre todo, por el poco tiempo que hubo para preparar la siembra. Este año ya tenemos cerca de 6.600 hectáreas sembradas en la zona de La Bañeza y esperamos que mayo todavía sea un buen mes de siembra. La climatología está acompañando para preparar bien las tierras y que continuar sembrando. Vamos acrecer bastante con respecto al año pasado en superficie y calidad. Aunque nunca se sabe lo que puede pasar con la climatología, esperamos volver a los rendimientos del año anterior.
—Entonces lo que es peor es el desánimo con el cultivo de los agricultores o, al menos, de las organizaciones agrarias.
—Hemos tenido problemas durante dos años que, al final, se han quedado en problemillas: Por un lado, la retirada de la ayuda de 3 euros de la Junta y la mala climatología del año pasado. Evidentemente, no se recupera superficie de un plumazo, pero un factor determinante este año será la firma del acuerdo marco interprofesional (AMI), que nos dará estabilidad, justo lo que quiere el agricultor. El Gobierno central ha apostado por la remolacha al dedicar 17 millones de las ayudas acopladas a la remolacha y estamos pendientes de las ayudas del Plan de Desarrollo Rural que trabajan las comunidades autónomas y se resolverá este verano. Para el próximo otoño ya tendremos todo el esquema de los próximos cinco años de precios, estímulos y ayudas, que serán el detonante para que quien ve cierta indefinición en el futuro de la remolacha vea la apuesta de los gobiernos central y regionales y lo que siempre hemos defendido nosotros, que es el cultivo más seguro que existe desde el punto de vista agronómico y de los precios.
—Pero son muchos años perdiendo superficie de siembra.
—Es un proceso lógico en la medida en que se aumentan los rendimientos. Lo que va a marcar el final de esta tendencia es la eliminación de las cuotas. España debe plantearse el crecimiento del sector o mantenerlo. Optamos por crecer, porque es la forma de competir contra la remolacha francesa y centroeuropea. Por eso nuestro objetivo en la zona de La Bañeza para el 2018 es llegar a las 10.000 hectáreas, volver a los niveles de la Organización Común de Mercado (OCM) anterior. Esto es clave para competir, porque una reducción de costes importante se produce en la fábrica por el volumen de producción, de manera que lo que podría ser una amenaza, el abandono de las cuotas, lo vamos a convertir en una oportunidad.
—¿Se va a recuperar la ayuda de la Consejería de Agricultura al cultivo?
—Esa es la voluntad de la Junta. Hay una puerta abierta a los fondos del Plan de Desarrollo Rural y la ayuda que antes venía exclusivamente de sus presupuestos estará cofinanciada y será mayor a la que teníamos antes.
—¿Podríamos hablar entonces de un precio superior a 40 euros por tonelada para la campaña 2015/2016?
—Sin duda. No puedo dar una cantidad concreta, formará parte del AMI, pero tenemos que estar en esos niveles.
—Y aún es pronto para hablar del AMI.
—Sí. A parte de que las normas de Bruselas han cambiado con respecto a las OCM anteriores, trabajamos para lograr un acuerdo más expansivo, que pueda vincular parte del precio de la remolacha al del azúcar, ver los estímulos por volumen... Se trabaja con un papel en blanco para que todos aportemos todas las ideas posibles para que el sector crezca. No se trata de ver qué me puedo llevar yo en contra tuya, sino de ver qué podemos hacer para mejorar en conjunto. La amenaza de las organizaciones agrarias no es la industria y viceversa, sino el azúcar centroeuropeo y en concreto del francés. La voluntad de la industria francesa es arrasar nuestro mercado, porque ve una oportunidad. Nosotros debemos crecer como sector y ser competitivos, por lo que buscamos, en colaboración con las organizaciones agrarias, un acuerdo sobre las coronas para que haya más cantidad de sacarosa, ver cómo no transportar las tierras, que es un mayor coste de transporte para el agricultor y la industria, que tiene que sacarlas de la fábrica...
—¿Prefiere el pago acoplado por superficie o por rendimiento?
—No sabemos aún cómo va a ser. El pago por superficie tiene la ventaja para el agricultor de que llega antes, mientras que por tonelada hay que esperar a la recepción de la remolacha. Por eso están pensando en procedimientos mixtos. La verdad es que cualquier método tiene ventajas e inconvenientes. Lo que queremos es que la forma de reparto sea la que mejor satisfaga a los agricultores.
—¿Cree que se podía haber arañado algún año más de cuota en la negociación con Bruselas?
—De entrada ya arañamos dos, porque las cuotas se querían suprimir en el 2015. La continuidad de la cuota significa disponer de un tiempo para ser competitivo y ahora no es el momento de mirar atrás, sino de ponernos las pilas para ser más competitivos cuanto antes, lo que en buen medida pasa por las acciones de Plan 2020, cuyos objetivos persiguen estimular el incremento de los rendimientos, que el cultivo sea menos esclavo para el cultivador y desarrollar nuevas zonas y atraer nuevos cultivadores. Dado que el sistema de cuotas acaba en 2017, el programa acelera las acciones principales para estar preparados para ese momento.
—¿Qué plazos hay para la inversión de 35 millones en la fábrica de La Bañeza?
—El calendario definitivo depende mucho de los trabajos de ingeniería y está orientado a reducir los costes para el 2017. El objetivo es ser el fabricante más eficiente de Europa, aunque parezca poco modesto. En el campo somos los mejores de Europa por rendimiento y con el Plan 2020 vamos a intentar que los agricultores mejoren aún más. La industria tiene un gran trabajo por delante: hemos mejorado una barbaridad en nuestros costes de fabricación, pero nos queda mucho. Queremos ver cuánta remolacha vamos a tener este año y en función de las siembras y del final del proyecto de ingeniería tomaremos una decisión sobre cuándo empezamos las obras. Creemos que todavía estamos en una fecha óptima para continuar la siembra. Los técnicos siguen trabajando en el campo, tenemos un precio muy bueno para el año que viene y los agricultores pueden acogerse a la entrega tardía, que es lo que conviene para la que se siembre ahora.