astorga
Un apóstol del siglo XXI
El obispo ordena al primer sacerdote de la Diócesis después de siete años.

Una joven tira de la nariz al santo en la puerta sur de la basílica.
Siete años después de que en la catedral de Astorga se oficiaran las últimas ordenaciones sacerdotales, ayer el templo volvió a abrir sus puertas para acoger esta ceremonia. Entre curiosos, fieles, amigos y familiares, Carlos Hernández recibió el ministerio. Este bañezano de 29 años, que estudió en Las Carmelitas de la ciudad vecina y en el Instituto Ornia, sintió la llamada hace ya algún tiempo. De niño y adolescente nunca se imaginó que éste fuera su futuro. De hecho, terminado el Bachillerato se matriculó en Ingeniería Industrial en la Universidad de León. Fue en esta época, entre libros y números, cuando descubrió la Iglesia joven y la vida de oración. Así lo cuenta, tranquilo y convencido, pocas horas antes de que comenzara el rito. «La jornada Mundial de la Juventud en Colonia, en el año 2005, me ayudó mucho», confiesa, y poco a poco «me fui abriendo a Dios». De este modo descubrió su camino de entregarse al sacerdocio. No todo fue fácil, asegura. «Dios me ha dado la fuerza y estos años me han servido para perseverar», subraya convencido. «Estoy aquí porque sentí la llamada de seguir a Dios y de querer anunciarle a los demás».
Es joven pero tiene las ideas muy clara. Sabe y así lo cuenta que «el Señor fue actuando en mi corazón con mucha suavidad, donde colocó el deseo de descubrir la belleza del sacerdocio». Es difícil de expresar con palabras, pero narra que en un momento de oración intenso sintió que «Dios me llamaba».
No estaba en sus planes iniciales. Él empezó a estudiar con otra idea y otras perspectivas de futuro pero «me fui abriendo a la voluntad del Señor», para ir descubriendo y abrazando su nuevo camino. En la iglesia de Santa María de La Bañeza donde compartió momentos con otros jóvenes se sentía muy a gusto. «Lo que más llena mi corazón en llevar a Jesús», argumenta, mientras recuerda como su etapa de seminarista la comenzó en Astorga para después continuar su formación en Getafe. Ahora, cursa estudios en Roma, y tras la ordenación volverá a Italia donde aún estará un curso para completar la Licenciatura en Teología Dogmática. Después regresará a la Diócesis.
El obispo astorgano, Camilo Lorenzo, fue quien le impuso las manos y quien le entregó la patena y el cáliz, momentos cumbres de la ordenación. Además, el prelado destacó la generosidad de Carlos, a quien le instó a ser fiel a su vocación para ser feliz. Lorenzo, también, recalcó la preocupante situación por la falta de vocaciones y tuvo un recuerdo para los enfermos y fallecidos. Ahora, una nueva etapa se abre para este bañezano, que ha hecho de la frase «os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros y la vuestra sea plenitud» su lema.