BROTE EN EL ESLA
La tuberculosis aparece en un vacuno de leche asfixiado por los bajos precios
Al menos cinco granjas están afectadas y en una de éstas han sacrificado 89 reses

Una granja de vacuno de leche
Si la crisis de precios en origen tenía ya muy preocupados a los ganaderos de vacuno de leche la aparición de casos de tuberculosis en las granjas ha disparado todas las alarmas en el sector. Más porque los ganaderos insisten en que tanta incidencia no se había visto hasta el momento en vaquerías que trabajan en régimen intensivo. El gerente de la Cooperativa Vega-Esla, Jesús Rodríguez, confirmó que en cinco explotaciones asociadas se han detectado vacas positivas, lo que supone «el sacrificio entre el 8 y el 10%» de las reses.
Entre los ganaderos no hay quien quiera exponer la situación aportando nombres y apellidos, aunque se ha contrastado que dos granjas de las cinco de mayor tamaño de la provincia —ambas por encima del millar de reses— se encuentran inmovilizadas al detectarse tuberculosis y en una de éstas se ha ordenado el sacrificio de 89 reses, no tantas si se comparan con el vaciado sanitario efectuado en una granja de Mayorga de Campos (Valladolid), en la que se ordenó llevar al matadero a unos 600 animales hace poco más de una semana. En la segunda, aún se esperan los resultados de los análisis en sangre o interferón-gamma.
El problema no es exclusivo de León e incluso afecta a otras comunidades autónomas, como Extremadura y Cantabria y tiene a los ganaderos del bajo Esla desconcertados. Por una lado, se han detectado casos en explotaciones donde «no hemos metido un animal en años» o adonde han llegado cabezas de ganado de países donde está erradicada la enfermedad —Holanda, por ejemplo— «y, por tanto, no se examinan». Además, la tuberculosis bovina está más asociada a explotaciones de ganado de carne, en régimen intensivo, donde los animales comparten pastos con la fauna silvestre y con otras ganaderías.
La principal queja de los ganaderos en cuanto a la actuación de la Administración en estos casos es que, en ocasiones, muchos animales que se sacrifican dan negativo en la prueba post mortem, que se realizan en el matadero. Pero también es cierto que otros casos se han diagnosticado en animales que no habían resultado positivos en el saneamiento ganadero —con test intradérmicos— y sí en las pruebas de matadero.
La incertidumbre en los productores de leche se refuerza al no encontrar una clara vía de contagio y se desconfía entonces de los servicios que se prestan a las granjas. Así se pone bajo sospecha al veterinario, que puede haber visitado antes una explotación infectada, y, por el mismo motivo, a la cuba de leche, o al transporte de piensos.
Al tratarse de una zoonosis —una enfermedad que se transmite al hombre—, la Junta de Castilla y León aplica el protocolo a rajatabla, ante unos escépticos ganaderos, que no confían en las pruebas del saneamiento, que se efectúan en la piel de los animales, ni en las más específicas —en sangre—, dados los resultados negativos de muchas reses en los mataderos. En estos últimos casos la Administración insiste en la que la bacteria de la tuberculosis estaba presente en el torrente sanguíneo del animal cuando se realizó la prueba, mientras los ganaderos señalan que eliminando el ganado «lógicamente acabarán con la enfermedad» y apuntan que el sacrificio obligatorio supone «matar mosquitos a cañonazos».
En las vaquerías se sienten indefensos. La imposibilidad de que el ganadero recurra a un contraanálisis que confirme o desmienta los resultados obtenidos por los servicios veterinarios oficiales es la principal protesta del sector. «Te quitan hasta la PAC si se te ocurre protestar o pedir otros análisis», apuntaba ayer mismo uno de los ganaderos con positivos.