TRIBUNALES
Cuervo dice no sentir pena por Miguel Ángel Blanco, «porque no le conocía»
El fiscal mantiene los 18 meses de cárcel para el astorgano acusado de enaltecer el terrorismo

Aitor Cuervo
DL | Redacción
«No me da pena Miguel Ángel Blanco, no tuve el placer de conocerle», señaló ayer el astorgano Aitor Cuervo Taboada, en el juicio que se celebró en la Audiencia Nacional, en el que compadecía como presunto autor de un delito de enaltecimiento del terrorismo y de humillación a las víctimas, según difundieron ayer las agencias informativas.
La Fiscalía mantuvo su petición de un año y seis meses de prisión para el astorgano, por los mensajes en favor de ETA y Grapo difundidos en las redes sociales entre los años 2011 y 2014, cuando fue detenido, mientras que el acusado mantuvo que sus proclamas son ejercicio de las libertades de expresión y pensamiento.
En el caso concreto del concejal de Ermua (Vizcaya), secuestrado y asesinado por ETA en julio de 1997, Cuervo Taboada aseguró no sentir «pena» por este, ya que se trata de «un desconocido y no ha tenido el placer de conocerlo». Entre otros mensajes, el acusado había difundido «A mí no me da pena lo de Miguel Ángel Blanco, me da pena la familia desahuciada por el banco», como parte de «un poema bastante más largo. A Miguel Ángel Blanco no tuve la suerte de conocerle ni de tomarme una caña con él. Sólo Puedo sentir pena por mis familiares y personas cercanas. Sería mentir sentir pena por alguien que para mí es un desconocido y no he tenido el placer de conocer», respondió, a preguntas de su abogado, que solicitó la absolución de Cuervo.
El acusado reconoció haber gestionado las cuentas en las que aparecían mensajes, entre los que se podía leer «Tengo la botella de champán preparada para el día que se retome la lucha» o «si al final Aznar regresa de pleno a la política activa, espero que ETA lo haga también, para equilibrar la balanza». Sin embargo, aseguró que su intención no era enaltecer la lucha armada y que sus palabras se sacaron de contexto.
Cuervo se quejó de que la Guardia Civil le detuvo en abril de 2014 cuando acompañaba a su abuela convaleciente y a una familiar con síndrome de down y se presentó como una «víctima», al serle «imposible» encontrar trabajo y haber sido desahuciado de su casa después de que su nombre se hiciera público. «Si merezco un castigo, lo he cumplido de sobra. Me han puesto un sambenito que no me voy a quitar jamás», afirmó en el turno de última palabra.
El letrado de la defensa señaló que su cliente «puedo haber frivolizado con cosas que, a lo mejor, pueden ofender a alguna gente», pero se limitó a expresar sus ideas y criticó la «investigación prospectiva» de la Guardia Civil por considerar que pone en peligro la libertad de expresión.