Sólo 2 de los 25 millones de toneladas quemadas en 2015 eran de carbón autóctono

El ingeniero Luis López defiende su tesis sobre hacer explotaciones más productivas y aboga por mantener la minería en la transición a las renovables.

Luis Alberto López fue director general adjunto de la Hullera Vasco Leonesa. MARCIANO

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maría j. muñiz | león

«El futuro es de las energías renovables, en eso estamos todos de acuerdo y lo compartimos. Pero un escenario completamente renovable sólo se conseguirá en un plazo de entre 50 y 100 años. Mientras tanto tiene que haber una transición, en la que van a seguir quemándose energías fósiles, aunque sea en menor proporción. Lo que tiene que plantearse España es si quiere que todos esos combustibles los compremos fuera, o produzcamos una parte aquí». Para Luis Alberto López, ingeniero de Minas que acaba de defender en Oviedo su tesis doctoral (calificada sobresaliente cum laude y propuesta para el premio a la mejor tesis en minería) buena parte del problema del carbón es que «no se ha explicado bien. Se tiene como algo negro y sucio frente a lo verde y bonito, y no es así». Al margen de intereses políticos que han llevado a acelerar el desmantelamiento del sector en los últimos años. El ingeniero recuerda que en 2014 se consumieron en España 20 millones de toneladas de carbón, de las que sólo 4 era autóctono. El año pasado, con una caída de la generación renovable por las bajas lluvias, se consumieron 25 millones de toneladas de mineral, pero sólo dos millones fueron de carbón extraído de las minas españolas. «Es una incongruencia. Tenemos minas, pero no tenemos claro qué es lo que queremos en este período de transición hacia las renovables».

El ingeniero asturiano, que fue director general adjunto de la Hullera Vasco Leonesa entre 2007 y 2010, considera que en materia energética se han dado pasos correctos como limitar el beneficio de las primas renovables «hasta un límite razonable». Una lógica que no se ha aplicado al carbón. «También las minas venden energía, igual que las renovables. Y también tenemos en común que nuestros costos superan el precio medio de la energía en el mix eléctrico. Ahora no podemos competir con un carbón internacional que se pone en puerto a 45 toneladas, pero sí lo haríamos con una pequeña ayuda».

Un apoyo que supondría menos de 50 millones de euros anuales, frente a los 7.000 millones de las renovables, y que «puede significar que las minas mejor posicionadas rematen la era del carbón en las décadas que quedan». El empleo y la generación de riqueza se quedaría, sin embargo, en las cuencas locales. «Sería rentable también para las arcas públicas, porque en lugar de gastar en ERE y prejubilaciones se recaudarían impuestos y cotizaciones».

Algunas minas leonesas han realizado inversiones que las ponen en condiciones de competir, y «el criterio medioambiental no sirve para justificar el cierre. Contaminan más los barcos y el transporte hasta las térmicas del carbón internacional».

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Una decisión política que se asentaría en la lógica, en opinión del ingeniero. Pero que de momento no se ha tenido en cuenta por las administraciones.