la cuenca acoge a sus héroes
Punto y seguido en la lucha de la mina
Llevan casi tres semanas de encierro que abandonan por prescripción médica. Pero la reivindicación no ha terminado. Esperan resultados de la reunión forzada para el lunes. Si no hay avances, habrá más protestas.
maría j. muñiz | león
«Yo sólo sé rezar, criar hijos y cuidar ovejas. Rezo por todos, no sólo por los míos». Nati, con su enorme cruz al pecho, ha tenido diez hijos, siete de ellos mineros. El pequeño, Álvaro, salió ayer de su encierro en el Pozo Aurelio. La acompaña Natalia, viuda joven de la mina, que lleva el poema escrito por el marido cuando ya la silicosis le había atrapado. «Lloro con ella, por acompañarla, pero yo no tengo miedo», dice la madre. Pero lloró al abrazar al hijo, que se aferraba a su pequeño Álvaro. Como lloró David al abrazar al fin y sin fin a su padre, Elías, que achuchaba al pequeño Pablo. Como abrazaron las familias y la cuenca a Daniel y Sócrates, encerrados desde hace casi tres semanas en la planta 190 del pozo.
La espera desde el día 13, cuando se encerraron en la mina, ha sido muy larga. Casi tanto como se hizo el aguante en la bocamina del pozo los últimos minutos. Hasta que la sirena anunció que, al fin, la jaula devolvía al exterior a los trabajadores que han protagonizado la protesta. Acompañados siempre del comité de empresa. Bajaron entre aplausos y se fundieron en una ola de abrazos con familia y amigos, que pudieron al fin expresar cara a cara la gratitud por el sacrificio asumido en defensa del futuro del empleo en la comarca.
«El carbón sigue muy vivo, creemos plenamente que tiene futuro más allá de 2018. Y este recibimiento es un impulso para seguir, aunque ahora salgamos, porque la situación abajo era penosa, las condiciones complicadas». Sócrates considera fundamental el apoyo recibido durante todos estos días, que «ha hecho que de una vez por todas nos escuche tanto la Junta como el Gobierno».
Los mineros confían en que el lunes se comprometa la liberación de las ayudas para dar un respiro en la amenaza de despido para todos a finales de este mes. «Aunque quizá tengamos que movilizarnos más adelante. No podemos quedarnos quietos, eso lo tenemos claro».
Julio Gómez, presidente del comité de empresa, insistía en que los encerrados «se merecían este reconocimiento como héroes». No fue fácil convencerles para que salieran. En cualquier caso, ahora la pelota está en Madrid. «No podemos hablar de derrota, la medida pretendía buscar un interlocutor que sabíamos que era la Junta, y eso lo hemos movido. La Junta se ha implicado al máximo, y están trabajando en ello. Ahora lo importante es que el proceso se acelere. Este es un punto y seguido, el lunes veremos qué medidas hay que adoptar en función de lo que ocurra».
Concluye: «No vamos a rendirnos. Hasta que nos tengan con la bota en el cuello no vamos a parar. No podemos permitirnos quedar con los brazos cruzados, porque el 31 de julio tenemos la extinción de todos los contratos».
El encierro ha conseguido que, al fin, se dé un paso. Ahora toca esperar a ver hasta dónde llega.