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Un hábitat imprescindible para el urogallo

El proyecto europeo ha actuado en más de 450 hectáreas de arbolado y matorral para favorecer el desarrollo de especies.

La Zepa Alto Sil alberga la mayor población de urogallo. DL

La Zepa Alto Sil alberga la mayor población de urogallo. DL

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Los bosques de la cordillera Cantábrica han sufrido cambios en las últimas décadas. El abandono del medio rural ha transformado la estructura del bosque y su estrato arbustivo hacia masas forestales más densas y tupidas. Esta menor entrada de luz en los bosques limita el crecimiento de especies que proporcionan alimento y refugio al urogallo cantábrico como el arándano, el tejo y el acebo.

Según informan desde el proyecto Life* Urogallo Cantábrico, si algo caracteriza al urogallo cantábrico es su preferencia por bosques tranquilos, maduros y de gran extensión, con variedad de especies tanto a nivel arbóreo como arbustivo. Es un ave vegetariana, excepto durante las primeras semanas de vida de los pollos, momento en el que ingieren gran cantidad de insectos. Pero lo importante de estos hábitats forestales, desde el punto de vista del urogallo, no son el tipo de árboles, sino lo que hay en el suelo, dentro de estos bosques.

A lo largo de la mayor parte de su área de distribución, la planta más importante para su alimentación es el arándano. El urogallo consume sus tallos, hojas, brotes y frutos. Es clave para que las hembras consigan una buena condición física para la puesta de sus huevos y es, además, donde están las orugas e invertebrados para que los pollos crezcan y salgan adelante. Los urogallos cantábricos completan su dieta con una amplia variedad de otras especies vegetales, incluyendo brezo, así como las hojas y los frutos del haya, roble, abedul, acebo y distintas gramíneas.

El proyecto Life+ Urogallo cantábrico ha desarrollado diversas acciones para fomentar un hábitat favorable para la especie. En total, se ha actuado en más de 450 hectáreas de arbolado y matorral, donde se han llevado a cabo tratamientos selvícolas para no sólo favorecer el desarrollo de especies clave para el urogallo sino también obtener masas forestales con mayor variedad de estructuras en las que pueda haber espacios abiertos, claros, pastizales, arbolado y matorral.

«Hemos tratado de reestructurar zonas del bosque para que tenga las mismas condiciones que en la época en la que las poblaciones de urogallo estaban mejor, en base a criterios científicos y respetando el ecosistema», apunta Ignacio Torres, director del Life+ Urogallo cantábrico y subdirector de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, que coordina el proyecto.

Las actuaciones de gestión de hábitat se han desarrollado en las comunidades autónomas de Cantabria y Castilla y León, en concreto, en las Zonas de Especial Protección para las Aves (Zepa) Liébana y Sierras del Cordel, cabeceras del Nansa y del Saja, así como en las Zepa Omaña, Alto Sil, Picos de Europa y Picos de Europa en Castilla y León.

En estas últimas Zepa se han eliminado de forma selectiva los ejemplares de haya que limitaban la entrada de luz e impedían el crecimiento de especies como el roble albar, el tejo y el acebo.

Otros trabajos de gestión de hábitat en la cordillera Cantábrica han consistido en claras, clareos y otros tratamientos selvícolas con el objetivo de obtener unas masas forestales adecuadas para el urogallo.

Todas las actuaciones se han ejecutado en base al Documento Técnico para la Conservación y Mejora del Hábitat del urogallo en la Cordillera Cantábrica, elaborado en el marco del proyecto, y en el que quedan plasmadas las directrices para la mejora de las masas forestales como hábitat para el urogallo.

Las actuaciones de mejora de hábitat tienen una respuesta a medio y largo plazo. Sin embargo, durante la ejecución del LIFE+ Urogallo cantábrico ya se han podido constatar algunos resultados positivos en zonas tratadas.

La Zepa Alto Sil alberga uno de los núcleos de mayor población de urogallo cantábrico en la cordillera cantábrica. En esta zona, se han llevado a cabo tratamientos selvícolas para favorecer el hábitat y, una vez finalizados, se ha constatado la presencia de ejemplares.

Además, han utilizado estas áreas tratadas para la reproducción y la cría de los pollos. En concreto, en 2015 se encontró una puesta eclosionada en uno de los rodales tratados a finales de 2014. Este hallazgo, junto a la presencia de dos hembras con pollos y varios machos en la zona tratada, muestra que las actuaciones en el hábitat constituyen un pilar imprescindible para la gestión de la especie.

Además, tras la ejecución de los trabajos, no se han detectado molestias para la especie. Al contrario, los urogallos ha permanecido en los lugares donde ya había presencia de ejemplares y han ocupado algunas zonas tratadas aledañas.

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