Diario de León

LA POLA DE GORDÓN La dueña del cámping intuyó que el parto llegaba

Una campista da a luz en un coche cuando se dirigía al centro de salud

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León

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A. Domingo | Redacción

No le había llegado la hora, pero la propietaria del Cámping Bosque de Gordón supo por los síntomas que el nacimiento se acercaba. Miruchi Castañón, conminó a los padres, alojados en el campamento turístico, a que le siguieran en el coche hasta el centro de salud de La Pola de Gordón, donde esperaba que la mujer recibiera atención médica ante un parto que a las ocho de la mañana del miércoles, día del feliz suceso, le parecía inminente.

La hostelera, que por los dolores intuyó que su clienta estaba de parto, piensa que ésta dio a luz en el coche y no a las puertas del centro de salud, porque fue en el interior del vehículo donde «dio el último grito».

Una vez en el establecimiento sanitario, «los médicos y las enfermeras dejaron todo para atenderlos». Una labor que realizaron con esmero, señaló, para que madre e hijo «llegasen a León en las mejores condiciones».

Los médicos cortaron el cordón umbilical que aún unía a madre e hijo, envolvieron al pequeño «en una manta térmica, asearon a la madre y al niño...» Todo un acontecimiento que Miruchi Castañón y su marido, José Antonio Díaz, recordaban ayer con emoción, aunque a él no le pilló el incidente. «El padre vino ayer y nos explicó que ella no había salido cuentas. Se adelantó un poco, aunque nació bien», explicaron. La feliz familia se encontraba en el Complejo Asistencial de León, a donde fueron trasladados la madre y el niño en ambulancia tras una odisea con final feliz. El alumbramiento se produjo con la capital gordonesa inmersa en el bullicio de sus fiestas patronales y del mercado semanal.

Con pan y todo

Maruchi Castañón aseguraba ayer que «nunca me había encontrado en una situación así». Tuvo alojado a «un hombre de 350 kilos en una caravana» y en otra ocasión atendió las quemaduras de un campista «en todo el brazo». el nacimiento del niño, «bien guapo, ha supuesto «una felicidad». La propietaria del cámping no olvida la hogaza que los niños traen bajo el brazo. Algo de pan le toca y, de momento, ya saborea la alegría de haber ayudado a sus padres en el nacimiento.

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