«Lo que más me duele es que no nos ayudaron»
«Estoy seguro de que no hablaron con él —se refiere al sacerdote culpable—. Ni siquiera se atrevieron, porque siguió haciéndolo. Al menos es lo que supongo», dice el denunciante de los abusos sexuales en el seminario menor de La Bañeza, que vuelve a aquellos días con el pensamiento para asegurar: «lo que más me duele es que no nos ayudaron».
Con la resolución del obispo en la mano, se pregunta si Ramos Gordón «reconoció los hechos abiertamente o porque se vio acorralado». F.L. sólo puede señalar los cuatro casos de abuso que conoció con nombres y apellidos, pero «tengo certeza moral de que abusó de otros».
Ahora teme «que dentro de unos meses lo manden a otro sitio y la historia se repita» y que surjan nuevos casos del pasado. «Si alguno es menor que yo se me para el corazón».