El fuego no borra la mancha del Camino
La vivienda de Miguel Ángel Muñoz Blas se convirtió tras su detención en punto de peregrinación para curiosos, que deseaban conocer cómo vivía el hombre del monte, que ahuyentaba a gritos a los vecinos de la zona. La cabaña, como llamaban algunos a la casa de Muñoz, y su entorno adquirieron una aire de abandono tras los primeros meses de su propietario en prisión preventiva. Un hogar que había diseñado para vivir de forma autónoma —en el que la Policía se incautó de 38.000 euros—, se llenó pronto de maleza y los cordones policiales, descoloridos, cayeron al suelo. Un año después de la detención del acusado, la vivienda fue saqueada y, a principios del mes pasado, se difundió que el inmueble había quedado reducido a escombros. El incendio, que motivó la apertura de una investigación policial, pasó desapercibido. Los vecinos de Castrillo de los Polvazares, en cuyo término se encontraba la casa, no advirtieron ni fuego ni humo. El crimen dejó una mancha en el Camino de Santiago a su paso por tierras maragatas que ni siquiera el fuego ha borrado aún. Sin embargo, hay quienes ya han comenzado a curar las heridas del suceso, como quienes coincidieron con la peregrina estadounidense antes de su desaparición y el año pasado recorrieron el Camino para conseguir la Compostela en lugar de Denise.