Diario de León
Publicado por
Ricardo Magaz Profesor de Fenomenología Criminal en la UNED
León

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S ucede frecuentemente que la atención en un proceso penal por homicidio o asesinato, entre otras infracciones penales, se centra en la figura del criminal quedando la víctima desterrada a menudo al segundo plano de la compasión.

A Denise Thiem la mataron a golpes y por degollamiento cuando hacía el Camino de Santiago por la demarcación de Castrillo de los Polvazares, al lado de Astorga.

Nada tendría que temer la peregrina en una senda milenaria, Patrimonio de la Humanidad, que transitan sin inconvenientes cientos de miles de romeros todos los años. Pero en el rumbo de Denise se cruzó Miguel Ángel Muñoz Blas, su presunto asesino, emboscado en el monte donde vivía al margen de la sociedad.

Denise era una mujer viajada y dinámica de 40 años, nacida en Hong Kong pero de nacionalidad norteamericana. Hacía la Ruta Jacobea después de ver en su país la película The Way (El Camino ). Aprovechando un parón profesional, decidió viajar durante varios meses por el mundo y visitó Filipinas, Camboya, Singapur y la vecina Francia. Una vez concluido este periplo preparó con interés su itinerario por el Camino Francés hasta Santiago de Compostela como experiencia vital. La familia de la peregrina la define como una mujer prudente y responsable que permanecía en contacto con sus seres queridos a través de las nuevas tecnologías. Un perfil normal en una chica cosmopolita de su tiempo.

La victimología, disciplina ligada a la criminología e impulsada en la década de los ochenta, estudia de modo científico a la víctima y su papel en el hecho delictivo. Se puede decir que la víctima nace ancestralmente como consecuencia del delito, es cierto, pero ¿influye algún factor con mayor o menor probabilidad para serlo? En este caso que nos ocupa, sí. No en lo referente a la vida personal pero si a la eventualidad fatídica de estar sola en un momento determinado en un sitio concreto y deshabitado en el que alguien acechaba con modus operandi de cazador-trampero en busca de una persona (mujer, probablemente) en inferioridad de condiciones. Naturalmente, la víctima no tiene culpa. Denise era en general precavida pero cayó en la trampa de seguir la dirección de las flechas falsas que la desviaron de la ruta correcta y la llevaron a la muerte.

En su conocido tratado de criminología el catedrático García-Pablos pone de manifiesto que hasta la instauración oficial de la victimología, la víctima sufría una dolorosa marginación por parte del derecho penal y procesal, convirtiéndola en un mero testigo casi invisible. Una vez enterrada la víctima, el protagonismo se fijaba exclusivamente (y aún lo sigue haciendo, aunque en menor medida) en el criminal victimario, excepto que el suceso fuera un magnicidio u otro caso similar.

?Estamos hablando, por consiguiente, de victimización secundaria, más punzante que la primaria, cometida por el agresor, puesto que es consecuencia del fragoso método procedimental del aparato jurídico-penal. Involuntaria, sí, pero amarga al fin y al cabo por provenir precisamente del sistema al que la víctima o su familia acuden en busca de consuelo.

Cedric Thiem, hermano de Denise, lo pudo comprobar cuando hace unos días declaró en la Audiencia Provincial de León por videoconferencia desde Estados Unidos. La soledad de las víctimas es siempre un injusto dolor añadido.

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