La defensa argumenta que las pruebas no demuestran la culpabilidad del acusado

Finca del acusado, durante uno de los registros. MARCIANO
En su turno de conclusiones, la defensa de Miguel Ángel Muñoz Blas, quien declinó su derecho a decir la última palabra, reclamó al jurado que «analicen la verdad de las pruebas» que se han practicado en el desarrollo del juicio, y que son las acusaciones «quienes tienen que probar que el acusado es culpable» y no al revés. «Abandonen la idea preconcebida de que Miguel Ángel Muñoz Blas es el autor del crimen» exhortó el abogado defensor a los miembros del jurado, a quienes aseveró que «si analizan las pruebas, sin tener decidido que es el culpable llegarán a la conclusión de que no lo es». Prieto atribuyó las declaraciones de su defendido durante la reconstrucción del hallazgo del cuerpo de Denise a «una invención para salir de forma inmediata de la situación en la que se encontraba» e incidió en que un día después de cuando se le imputan los hechos, el 5 de abril, «Denise estaba en un restaurante de Hospital de Órbigo», alegando que el cargo de una tarjeta bancaria, que durante el sumario se especificó que se había realizado el domingo de su muerte y se había cargado en su cuenta un día después.
Por todo ello, reclamó un veredicto de «no culpabilidad» e incluso pidió «la disolución del jurado al no existir prueba alguna» en contra de Muñoz Blas, una consideración que descartó el presidente del Tribunal.
El letrado de Muñoz Blas, Vicente Prieto, aseguró que la policía puso en él desde el principio «el foco» de la investigación, y que el propio acusado les dejó inspeccionar su casa durante las primeras indagaciones «porque no tiene nada que ocultar».
Aseguró que el hecho de que pintara su vivienda o no tener sanitario en casa, como se ha esgrimido en el juicio, «no son indicios de criminalidad» y destacó que en su primera declaración el acusado se declaró inocente «muy razonablemente». Destacó que, pese a las 200 preguntas que se le realizaron, «lo explica todo sin contradicciones».
El abogado defensor esgrimió que, pese a las batidas realizadas, «durante cinco meses no encontraron nada porque él no lo ha hecho», y que fue una llamada de un senador de Estados Unidos, «la que pone en marcha una operación sin precedentes para detener a alguien». Prieto aseveró que la policía «se inventó» la huida de su defendido, que sólo fue a realizar el Camino de Santiago con actitudes normales en un peregrino y que fue detenido en el centro de un pueblo «en un bar lleno de gente», algo que, a su juicio, no es el comportamiento «de alguien que está huyendo». Se preguntó, además, por qué no cogió el dinero que tenía guardado —se le encontraron 38.000 euros en efectivo en su vivienda— y su pasaporte, para su supuesta huida.
El letrado defensor puso en duda los testimonios realizados por los policías que detuvieron a Muñoz Blas, que declararon «sin ser preguntados» que el detenido «estuvo aislado y no se le interrogó para respetar sus derechos». También puso en entredicho que el acusado le dijera a uno de los agentes que iba a llevarle hasta el cuerpo de Denise, y se preguntó qué ocurrió durante una hora y media entre la llegada del helicóptero que trasladó a Muñoz Blas desde Asturias, donde fue detenido, hasta el lugar donde se encontró el cadáver. Según afirmó, «están tratando de encubrir que estuvieron interrogándole y llevándole de un lado para otro sin presencia de su abogado», y que Muñoz Blas, no llevó a los agentes a donde estaba el cuerpo, sino «a una zona en la que él había olido algo», en referencia al cadáver en descomposición de la peregrina norteamericana.
Para avanzar en la no culpabilidad de su defendido, Prieto esgrimió «discrepancias» en cuestiones de la reconstrucción de los hechos entre lo que alegó Muñoz Blas y lo que, a su juicio, han demostrado las pruebas, como la forma del arma homicida que, a tenor de lo analizado en la autopsia, no pudo ser un palo como afirmó su defendido, o el lugar del primer enterramiento en donde el cuerpo «tuvo que estar confinado», según el informe entomológico, cuando el acusado dijo que sólo lo cubrió con tierra. Asimismo, defendió que la amputación de las manos no se puede confirmar en la autopsia y denostó la declaración de los vecinos porque, pese a las sospechas que supuestamente levantó Muñoz Blas en el pueblo, nadie acudió a la policía con sus inquietudes.