Diario de León

héroes del carbón sin mina

Cinco años (negros) de la III Marcha Negra

La última marcha minera consiguió remover conciencias y alcanzó eco internacional, pero no logró salvar la minería privada del carbón que vive desde entonces un lustro de agonía; en León quedan medio millar.

Madrid se fundió con los mineros en su marcha a la Puerta del Sol. NORBERTO

Madrid se fundió con los mineros en su marcha a la Puerta del Sol. NORBERTO

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ana gaitero | león

Allí estaban, eran los que picaban el carbón... Fueron los mineros en son de paz en busca de futuro a Madrid y cinco años después la mina ya casi forma parte del pasado. Los picadores de luz dieron un aldabonazo en las conciencias de todo el país y aún más allá. Pero su grito cayó en un valle de silencio.

«Aquí están, estos son, los héroes de la nación», coreaba la gente al paso de las columnas mineras. Se cumplen cinco años de la III Marcha Negra. Tal día como hoy, Madrid asistió a una manifestación multitudinaria en apoyo a los mineros y a las cuencas después. Tal día como ayer la capital recibía con todos los honores a los héroes del carbón que tomaron la Puerta del Sol, a medianoche y con las lámparas encendidas, cantando el Santa Bárbara Bendita.

Los mineros lo dieron todo. En las barricadas primero, en la carretera después. Recibieron solidaridad y todo el afecto del mundo, pero les faltó el apoyo del Gobierno. La firma de un ministro para evitar el final de un sector, el de la minería privada del carbón, amenazado de muerte por el incumplimiento de los acuerdos que el propio Gobierno había firmado.

Cinco años después, el ministro que no quiso al carbón (nacional) ya no está en el Gobierno. Pero el carbón nacional entra a cuentagotas en las centrales térmicas y las cuencas mineras sufren la humillación de que el mineral de importación se cuele por sus carreteras o que sus térmicas estén en parón técnico en pleno verano, cuando las energías alternativas, como la hidráulica y la eólica tienen menos rendimiento.

La última gesta obrera, la batalla de los mineros del carbón se libró a cielo abierto, durante 20 días y 500 kilómetros en los que 150 mineros, casi la mitad leoneses, se dejaron la piel y el ánimo para reivindicar el cumplimiento del Plan del Carbón.

Cinco años después los sindicatos esperan que el Gobierno les convoque a la reunión prometida de la comisión de seguimiento. Como esperan entrar a formar parte del comité de transición del modelo energético para que el carbón nacional obtenga una cuota de participación.

Madrid se rindió a los mineros hace un lustro. Y La Moncloa tuvo que soportar, por sentencia del Tribunal Superior de Justicia, que los mineros pasaran por delante de sus puertas. La delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, hoy presidenta de la Comunidad, prohibió el itinerario por delante de la casa presidencial alegando motivos de seguridad. Los mineros desfilaron de culo en un gesto que afeaba aún más la conducta del Gobierno.

No torcieron su voluntad. Pero tampoco ese día perdieron la esperanza y sobre todo el orgullo minero: «Estoy a punto de prejubilarme. Lucho por mis hijos para que sientan orgullo», afirmaba Carlos Ferreira, del pozo Salgueiro. Es una de las pocas minas que no están oficialmente cerradas en la provincia de León, pero tan solo 19 mineros están en activo. Los otros 60 trabajadores del sector Alinos, de Uminsa, están en un expediente de suspensión. En la Mina Escondida, de Caboalles de Abajo, bajan al tajo medio centenar de mineros y en la Hullera Vasco Leonesa (HVL) hay 75 personas en labores de mantenimiento. Otros 130 obreros trabajan en la contrata del cielo abierto para Peal, 25 en Carbones San Román y otros 5 en otra subcontrata, según datos de Comisiones Obreras.

La Minera Astur Leonesa, que explota el pozo asturiano de Cerredo, se ha convertido en la primera empresa para los mineros de León y, más en concreto, del valle de Laciana. De los 190 trabajadores que extraen el carbón en la moderna mina, se estima que 130 bajan desde Villablino.

En las cuencas mineras se han acostumbrado a las malas noticias. La última que han recibido los sindicatos es que la Astur Leonesa sufrirá una merma del cupo del carbón de 500 toneladas (o sea, la mitad del que tiene actualmente) la semana que viene, apunta el secretario del sindicato comarcal de Comisiones Obreras, Omar García.

Hace cinco años, los mineros eran conscientes de que su gesta tenía repercusión dentro y fuera de España. Eso les animaba a seguir gastando la zapatilla y alimentando la esperanza: «Es una reivindicación ejemplar y útil con repercusión en Europa», decía Miguel Ángel Pérez, el Indio, de la Hullera Vasco Leonesa.

«Que los demás también salgan», apostilló el hombre. Los mineros sentían el apoyo, pero veían que era necesario que la gente se uniera, no se quedara mirando como se dice en las manifestaciones. «Más colectivos tendrían que salir a la calle», sentenció su compañero de empresa Ignacio Miró. «Los recortes de la minería los sufren otros obreros; si nos unimos, conseguiremos algo», advertía Miguel Báez Morán, del pozo Santa Cruz.

Los mineros pedían que «se respete lo firmado», aseguraban que iban «a por todas» y estaban dispuestos a «quedarse en Madrid hasta que esto arregle», como aseguró José María Rodríguez, de la ya inexistente Coto Minero Cantábrico. La III Marcha Negra fue la primera que se hizo de forma unitaria con participación de todas las cuencas carboneras de España: León, Palencia, Asturias, Aragón, Castilla-La Mancha y Andalucía. Y la primera que implicaba a todo el sector, el público y el privado.

Cinco años después los mineros del sector privado y los leoneses en particular contemplan con cierto asombro que la minería pública sigue su curso con un plan del carbón y un plan social que garantiza las condiciones hasta 2023 en Hunosa mientras sus empleos se han esfumado «a pesar de que la minería privada obtiene el carbón a precios inferiores y es más rentable», subraya García. En su opinión, todavía hay algo que se puede hacer en León: las inversiones en la desnitrificación de las térmicas y no tirar por tierra todo lo que se invirtió en la Ciuden para la captura del CO2.

La III Marcha Negra sacó a la luz el coraje de hombres y mujeres acostumbrados a vivir en la sombra. Desveló a los mineros como personas y ciudadanos de su tiempo, hombres, en algún caso, que lo mismo bajaban al tajo que se ocupaban de las tareas domésticas. Se contó la verdad de unos sueldos que ya no eran lo que fueron y que descendían por la rampa del mileurismo.

A lo largo de los duros días de marcha se retrataron sus lágrimas y sus almas bajo el sol abrasador de Castilla. Pero también sacaron a relucir su coraje cuando hizo falta, como el día que les quisieron conducir, como a ovejas, por una cañada sacando a la columna minera de la autopista, y de la visibilidad, con la repetida excusa de la seguridad con motivo de la operación salida del mes de julio.

En la III Marcha Negra participaron las mujeres mineras y las mujeres del carbón. Unas, por derecho propio, y porque bajaban al pozo igual que los hombres, y otras por solidaridad y porque su empuje era (y es) necesario. Las Mujeres del Carbón fue un movimiento femenino que surgió de la unidad de acción de esposas, hermanas o simplemente simpatizantes de los mineros de todas las cuencas.

Hace cinco años los mineros ya lo sabían: «Quieren acabar con todo», decían sus camisetas.

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