Diario de León

LA CABRERA SUFRE EL PEOR INCENDIO DEL AÑO

Héroes de 900 euros al mes

Incendios como el que está arrasando más de nueve mil hectáreas en La Cabrera evidencian las duras y peligrosas jornadas de hasta doce horas a las que se enfrentan los brigadistas en su cuerpo a cuerpo contra el fuego.

Desde el pasado lunes las llamas han devorado más de ocho mil hectáreas de los municipios de Truchas y Encinedo, en La Cabrera. RAMIRO

Desde el pasado lunes las llamas han devorado más de ocho mil hectáreas de los municipios de Truchas y Encinedo, en La Cabrera. RAMIRO

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maría carnero | león

Como cada verano, León salta a los medios de comunicación de todo el país por registrar los más graves incendios forestales de todo el territorio nacional. El último, el que desde el pasado lunes arrasa los municipios de Truchas y Encinedo, en La Cabrera, una de las comarcas más castigadas por el fuego todos los veranos, arroja cifras escalofriantes. Siete días de lucha contra el fuego, más de nueve mil hectáreas calcinadas en un perímetro de 55 kilómetros, dos municipios afectados y cerca de 70 personas evacuadas, es el resumen de una tragedia tras la cual se encuentra otra realidad, la de los más de 535 profesionales, entre personal de la Junta de Castilla y León, Mapama y UME, desplegados para ganarle la batalla a las llamas.

«El del brigadista es un trabajo muy duro, peligroso y no siempre suficientemente reconocido», asegura un agente perteneciente a Apafle (Asociación Profesional de Agentes Forestales y Medioambientales de León) que quiere mantenerse en el anonimato. En el caso de Encinedo fueron los primeros en llegar al incendio el pasado lunes, cuando había activos otros diez fuegos en la provincia. «Las llamas estaban muy avanzadas y teníamos todos los parámetros en contra, la temperatura superaba los 33 grados, la velocidad del viento superaba los 30 kilómetros por hora, con muchísima movilidad, y la humedad era del 30%», explica este agente. Ante la intensidad que adquirieron las llamas, decidieron meterse ‘en punta de llama’, es decir, un ataque directo, en el que las cuadrillas, compuestas por ocho brigadistas y un agente, van apagando las llamas en un cara a cara con el fuego y haciendo con zanjas una linea de seguridad. Mientras tanto, los medios aéreos comienzan a operar en la zona. «El trabajo de los medios aéreos es muy importante, pero hay que dejar claro que no apagan incendios, sino que refrescan el perímetro, son el personal de tierra quien apaga las llamas desde el corazón del incendio», relata este agente. «Son auténticos héroes que soportan temperaturas de más de 40 grados, a los que a pesar de las botas se les quema la plata de los pies, ya que trabajan sobre brasas, y que se queman la cara sólo con estar a 30 ó 40 metros de las llamas, todo ello cobrando 900 euros al mes y con contratos de tres meses», lamenta.

A pesar de todo, afirma que desde el incendio que en 2012 arrasó más de 11.000 hectáreas en Tabuyo del Monte han mejorado algunas cosas. «Antes se hacían turnos de trabajo que podían llegar a las 30 horas, ahora son de doce horas, con descansos de diez, desde la llegada a la base hasta la vuelta al incendio», explica.

Además del enorme esfuerzo y la peligrosidad, el operativo contra incendios tiene un importante desgaste físico. «Un estudio reciente llegó a la conclusión de que el esfuerzo de dos horas de trabajo de un brigadista equivale al que realiza un ciclista profesional en una etapa del Tour de Francia». Y es que un brigadista puede perder hasta dos kilos en líquido en una jornada, a pesar de estar todo el tiempo bebiendo agua. «La deshidratación es brutal, no hacemos pis en todo el día», asegura el agente que recuerda que antes tenían preparadores físicos en las bases que les medían las pulsaciones, les pesaban y les preparaban para sus interminables jornadas de trabajo.

«Es un trabajo realmente penoso, en el que soportamos mucha presión, pero muy gratificante y vocacional, ya que cuando las cosas salen bien la satisfacción es enorme». Además, explica que el operativo es como una ‘gran familia’, en la que «pasamos muchas penurias juntos pero donde cuidamos unos de otros».

Desde Apafle reivindican un poco más de apoyo por parte de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente, que incremente los medios para la lucha contra el fuego, mejore las condiciones laborales de sus trabajadores, que se facilite la investigación de los incendios desde el propio operativo, ya que son los primeros en llegar a los incendios, y que valore más su experiencia.

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