«Aquí nací y me crié y nunca me han echado»

Huberto Allende y su mujer, frente al palacio. SECUNDINO PÉREZ
Huberto Allende vive con su mujer en el Palacio de los Gómez Caso. Reconoció ayer haber recibido la carta de desalojo, pero asegura que no abandonará el caserón —muy cerca de éste descansan las piedras del Palacio de los Allende, cuya reconstrucción «nos prometen en todas las elecciones»—.
No se siente amenazado por el embalse —«que tengan miedo abajo, en Mansilla de las Mulas», apunta— y existe un vínculo sentimental que le une al edificio. Además de ser cuna de su padre, «aquí nací y me crié y nunca me han echado». El matrimonio sostiene que el palacio montón de escombros y habría sucumbido a la rapiña si estuviera deshabitado y defiende que «no se puede pagar lo mismo por un metro cuadrado de un palacio» que por el de cualquier otro tipo de edificación, aunque a su padre le dijeran «cuando la expropiación que por ellos como si se lo llevaban los americanos».
«Aquello fue una expropiación forzosa», señala como sinónimo de apropiación injusta. «Nosotros no nos vamos. Que nos saquen».