Diario de León

LEÓN VIVE LAS DOS CARAS DEL INVIERNO

Atrapados 20 horas con chocolate y agua

Los lacianiegos José Calviño, Rafael Da Silva y Paula Da Silva, de 4 años, salieron de un Villablino sin nieve el sábado a las cinco de la tarde y llegaron a su destino a las 13.00 horas de ayer, tras hacer noche en la AP-6.

Miembros del batallón leonés de la UME, en la autopista.

Miembros del batallón leonés de la UME, en la autopista.

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Bloqueados en la nieve en la autopista AP-6, los lacianiegos José Calviño y Rafael Da Silva y la hija del segundo, Paula, de 4 años, aguataron un viaje de 20 horas a fuerza de agua mineral, chocolate y buen humor, con el que tranquilizar a la pequeña. Los tres habían disfrutado de unos días de descanso en Villablino y regresaban a Valdemoro, en Madrid. Lo que no se imaginaban era la odisea que el tiempo les había preparado, igual que a miles de viajeros, que trataban de llegar a la capital del país desde el Noroeste.

Calviño y Da Silva, tío y sobrino, se despidieron de su familia para abandonar un Villablino sin nieve a las cinco de la tarde del sábado. El viaje transcurría con normalidad. Pero, alrededor de las diez de la noche, y tras pasar dos quitanieves, les indicaron desde una de éstas la conveniencia de dirigirse hacia Ávila debido al temporal de nieve. Haciendo caso de la indicación del operario, cambiaron de rumbo: abandonaron la AP-6 para llegar al peaje de la AP-51, denominada Conexión Ávila. Allí perdieron una hora, debido a la nieve, como prólogo a lo que se avecinaba. Era ya medianoche y la alternativa, lejos de solución, supuso un rodeo: más kilómetros.

Una familia lacianiega que pasó la noche en la AP-6. DL.

Una imagen de la N-630 en Casares de Arbas. DL.

El bloqueo definitivo se produjo tras recorrer unos 4 kilómetros. El reloj marcaba las dos de la madrugada, se encontraban en la zona de Villacastín a unos 15 kilómetros del peaje de San Rafael y no había signos de que el atasco pudiera resolverse.

Cientos de coches parados. La calzada era una pista de esquí y la Guardia Civil transitaba de vez en cuando, «pero no paraba». Nadie facilitaba información y la que llegaba era a través de la radio. «Nadie nos decía si necesitábamos algo y había niños pequeños», señaló Rafael Da Silva. Una noche larga. Al menos, estos lacianiegos pudieron mantener el motor encendido, ya que habían llenado el depósito del coche. «El termómetro marcaba una temperatura exterior de menos cuatro grados».

Conductores y viajeros atrapados bajaban en ocasiones de sus vehículos para estirar un poco las piernas o fumar, y luego «volvíamos cada uno a nuestro coche. Tampoco hablábamos mucho unos con otros». Dentro del coche, los dos adultos entretenían a la pequeña con juegos, un libro para pintar y un estuche de pinturas. Para que no sintiera desazón, aprovechando la época le contaron que todo el problema se reducía a «los camellos de los reyes magos, que estaban en la carretera y no querían moverse». La niña cenó chocolate y agua «que llevábamos en el coche. No podíamos hacer otra cosa y no teníamos nada más para darle».

Hacia las once, gracias a los esfuerzos de una UME más esperada que el séptimo de Caballería en pleno asedio indio, los coches comenzaron a moverse. Al menos, el peaje quedó abierto y no tuvieron que abonar el importe correspondiente. «Llegamos a casa a la una de la tarde».

Pese a las incomodidades, los lacianiegos se sentían privilegiados. Otros ni siquiera pudieron mantener el motor encendido por falta de combustible, e incluso les faltaba agua: «había gente que derretía nieve en una botella para beberla».

Una información de Vanessa Araujo, Miguel Ángel Zamora y Alberto Domingo

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