sucesos ■ DESAPARECIDAS HACE 30 AÑOS
La búsqueda de los restos de Mari Trini y su bebé desarma otra casa del Portugués
La Udev de Gijón excavó una fosa que cegó el sospechoso de las desapariciones sin encontrar aún los cuerpos.

Los obreros de Ribadesella pican una habitación. CUELI / DIARIO DE LEÓN
ana gaitero / isolina cueli | berbes / León
A las nueve de la mañana el pueblo estaba completamente en silencio, como si aún no hubieran sonado los despertadores. Hasta que el ruido de un martillo neumático rompió la mañana. El estruendo salía de las paredes desvencijadas de una casa abandonada en Berbes, una aldea que pertenece al concejo de Ribadesella.
La gente empezó a acercarse hasta el barrio de abajo, al lado del antiguo lavadero público, hasta donde la cinta de la policía lo permitió. En el pueblo saben de sobra lo que allí se busca: los restos de Mari Trini y su bebé de 13 meses, las desaparecidas de Matadeón, como se las conoce en León porque fue otro de los escenarios de esta intrincada desaparición, que se remonta a 1987 y se materializa en una última pista en la Audiencia Provincial de León.
La Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (Udev) del Cuerpo Nacional de Policía de Gijón dio ayer otra vuelta de tuerca al caso de Mari Trini y su hija al ordenar a la Brigada de Obras municipal levantar la capa de hormigón de un cobertizo y excavar la fosa séptica, un gran agujero, que el Portugués, padre, marido y principal sospechoso de su desaparición, practicó sin licencia alguna y sin que nadie supiera con qué fin.
«Hizo un gran agujero y metió mucha arena, pero no sabemos si enterró algo», comenta una vecina, recelosa de que la periodista pululara tan temprano por el lugar. El Portugués es Antonio María Da Silva, albañil de profesión, con doble identidad —se casó en Francia con una portuguesa con el nombre de Mauricio Ramos Lopes y reconoció a varios hijos bajo esta filiación falsa—, doble vida y dos familias, una en Portugal, con siete hijos, y otra en León, con la pequeña Beatriz como única descendiente y desaparecida con su madre, Mari Trini, hace más de 30 años.
Un hombre pequeño y de aspecto extraño —muy ancho de pecho y de piernas cortas— que tiene a sus espaldas numerosos antecedentes policiales por tráfico de armas, contrabando, incendio, y agresiones, especialmente a las mujeres. «Le daba muy mala vida, tiró un papel por la ventana, pero vino la Guardia Civil y como no se metían con nadie no pasó nada», cuenta una vecina. A la casa de Berbes no fueron por capricho sino porque desde el pasado verano saben que allí vivieron la infortunada mujer y la pequeña con este hombre. La Policía fue ayer a Berbes, en un segundo intento de encontrar los restos de Mari Trini y su hija, porque la magistrada titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Gijón, Ana López Pandiella, decidió reabrir el caso y reactivar la búsqueda a raíz de las nuevas pistas aparecidas en el reportaje publicado en Diario de León el 23 y 25 de julio del año pasado.
Tras meses de pesquisas, ayer dieron el paso para intentar averiguar más datos y recabar más pruebas en la casa de Berbes. No encontraron restos humanos, por ahora, pero hallaron un escenario con más indicios para tirar del hilo de la investigación. Desde esta vivienda, se sabe que Mari Trini, Beatriz y Da Silva salieron el 13 de julio de 1987, se subieron al autobús de Ribadesella a Oviedo. Los vio una vecina de Bárzana que tenía una tienda en Colunga. A María Rosa no se le olvida porque era el lunes de Loreto, el anterior a la fiesta del Carmen, y llevaba a su hija al médico a la capital asturiana.
Como tampoco puede olvidar los lloros y gritos de la niña de Mari Trini en el autobús. Siempre pensó que se iban al extranjero porque los vio dirigirse a la taquilla de billetes internacionales. Lo cierto es que el 15 de julio, dos días después, agresor y agredida, se personaron juntos a recoger la notificación para el juicio por la denuncia que había puesto Mari Trini contra el Portugués en el cuartel de la Guardia Civil de Matallana de Valmadrigal, el año anterior.
Si volvieron a Berbes o no después de firmar en León, aún no lo saben. El escenario que permaneció hasta que ayer se retiró un remolque de escombros presenta una huida precipitada de la vivienda. Dejaron las maletas hechas sobre la cama, con la ropa y dinero guardado estratégicamente, así como las escrituras de una casa y pañales. ¿Salieron los tres a toda prisa o huyó solo? El misterio sigue sin resolver y las pesquisas continúan.