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Los drones del Ejército volverán a vigilar el monte para evitar incendios

La Junta y Defensa ultiman el convenio para la campaña de este año que arrancará en julio.

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A. Calvo | León

Los drones con los que opera el Grosa, la unidad de Inteligencia del Ejército de Tierra con sede en Conde de Gazola, que trabaja con aviones no pilotados, volverán a sumarse este año a la campaña contraincendios de la Junta. De hecho, la Administración autonómica y Defensa están trabajando ya en el convenio para que los RPAS, como se denomina actualmente a los drones, colaboren en la vigilancia de los montes y actuar como elemento disuasorio, además de captar con sus potentes cámaras —que registran imágenes tanto de día como de noche— los movimientos de posibles incendiarios. La campaña del año pasado se saldó en León con 21.720 hectáreas arrasadas.

Está previsto que las condiciones del acuerdo entre Defensa y la Junta se lleven en los mismo términos que el año pasado, cuando el convenio se firmó el 11 de julio. Así, los drones Searcher del Grosa se integrarán a la campaña de incendios del 15 de julio al 15 de septiembre y, en principio, trabajarán de nuevo sobre la comarca del Bierzo. Desde la unidad de Inteligencia del Ejército de Tierra, el coronel jefe Ángel Segundo Gómez, destaca su aportación «a la protección del patrimonio forestal» de la provincia de León.

Desde su base de operaciones, los militares del Grosa volverán a analizar las imágenes que obtienen las cámaras Mosp instaladas en los drones, que tienen un alcance de detección de 22 kilómetros durante el día y de 14 kilómetros por la noche, además de una capacidad de reconocimiento de quince y siete kilómetros, respectivamente.

El año pasado, los drones militares del Ejército de Tierra hicieron 38 vuelos y localizaron, durante sus 147 horas en el aire, más de una treintena de incendios. Su labor, además de disuasoria, permite alertar a los equipos contraincendios de la Junta de Castilla y León nada más detectarse las primeras llamas en la zona para que se desplacen rápidamente con todos los medios necesarios para atajar el foco.

Una vez en el aire, los drones del Ejército de Tierra no son percibidos desde tierra, ya que su altura de vuelo minimiza por completo el ruido del aparato y es difícil que sean avistados. Esto facilita su tarea de reconocimiento de la zona, que se completa con el potencial de las cámaras, cuyas imágenes son remitidas a las estaciones de control del Grosa, donde los militares ven a través de unas pantallas lo que emite el Searcher. Los soldados son especialistas en la lectura de estas informaciones, como parte de su labor de inteligencia.

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