Diario de León

PROVINCIA ■ CAZA EN ESPACIOS PROTEGIDOS

Picos excluye a León del protocolo del lobo por el férreo control que hay sobre la especie

Los cupos de caza han reducido los daños al 8,9% del total del parque, frente al 83,6% registrado en Asturias.

El protocolo busca reducir la conflictividad del lobo con el ganado, sobre todo en Asturias, donde se han disparado los atauqes. ANDONI CANELA

El protocolo busca reducir la conflictividad del lobo con el ganado, sobre todo en Asturias, donde se han disparado los atauqes. ANDONI CANELA

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maría carnero | León

León queda fuera del polémico protocolo de regulación de la población del lobo ibérico en el Parque Nacional de Picos de Europa. Según el documento presentado el pasado 2 de abril en el último Patronato celebrado en Oviedo, —al que ha tenido acceso este periódico—, la falta de conflictividad con esta especie en la vertiente leonesa y el sistema de control que ya se ejerce en la zona través de los cupos de caza establecidos en el Plan de Conservación y Gestión del Lobo en Castilla y León, hace que no sean necesarias medias extraordinarias para regular esta emblemática especie.

El protocolo, que deberá obtener todavía el visto bueno de la Comisión de Control del parque, entraría en vigor el próximo 1 de octubre de 2018 para paliar los daños a la ganadería que están generando un conflicto social importante, sobre todo en la vertiente asturiana, que es donde mayores ataques se producen.

Según la última memoria del parque, durante 2017 se registraron 166 ataques en el todo el parque nacional —nueve de ellos en la zona leonesa— en los que perecieron 751 animales —67 de ellos en ganaderías leonesas—. Estos datos indican que en territorio leonés se producen sólo el 5,4 por ciento de los ataques, y el 8,9 por ciento de las muertes de ganado, una conflictividad relativamente baja si se compara con Asturias que registra 123 ataques, el 74% del total del parque, y 628 cabezas de ganado muertas, el 83,6%.

Esto se explica en cierto modo en que la especie no es cinegética en Asturias y Cantabria, donde se realizan controles poblacionales puntuales de lobos siempre posteriores a episodios de daños, mientras que en la zona leonesa del parque hay un cupo de caza establecido anualmente para controlar la población, se produzcan daños o no.

Según relata el propio protocolo, «en la zona del parque nacional en la que se ejerce la actividad cinegética (León) se han ajustado los cupos de caza a la situación poblacional de las manadas, lo que ha permitido compatibilizar el mantenimiento de las manadas y un nivel de daños que hasta el momento no ha sido, salvo episodios puntuales y con las debidas compensaciones económicas, intolerable (bien es cierto que hay que valorar la situación residual del uso ganadero en dicha vertiente)».

Además, el documento apunta que «en la zona leonesa la abundancia de comida silvestre, fundamentalmente jabalí, y la poca disponibilidad de animales domésticos hacen que la alimentación de los lobos de esta zona sea mayoritariamente silvestre». Por lo que se refiere a la zona asturiana y en buena parte de la cántabra, el texto puntualiza que «esta situación se invierte ya que la alimentación de los lobos es esencialmente doméstica». Una densidad más elevada de lo que permita la alimentación silvestre conllevará daños en el ganado tanto más elevados cuanto mayor sea la población. «De ello se deduce que para mantener los daños en un nivel la clave es regular la población de lobo», dice el protocolo, que establece como el primer objetivo de la regulación poblacional «prevenir que los daños actuales se disparen», y el segundo «lograr un nivel en el que puedan ser eficaces la compensación y la prevención».

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