Diario de León

SANTA COLOMBA DE CURUEÑO El viento complica la extinción y la Junta declara el nivel 1

El fuego se acerca a Ambasaguas y arrasa su monte de pino y roble

Tres brigadistas, en una ataque directo a las llamas, ayer en las inmediaciones de Ambasaguas. FERNANDO OTERO PERANDONES

Tres brigadistas, en una ataque directo a las llamas, ayer en las inmediaciones de Ambasaguas. FERNANDO OTERO PERANDONES

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

A. Domingo

Santa Colomba de Curueño

La herida de los incendios forestales se abrió ayer en el municipio de Santa Colomba de Curueño, en el que ardió una importante superficie arbolada: pino de repoblación y roble, principalmente. Las llamas se llevaron por delante un valle entero, el que existe entre la cabecera del municipio y Ambasaguas, localidad a la que amenazaba a primera hora de la noche de ayer un largo frente de fuego, visible desde las afueras de León y otros puntos de la provincia, al igual que desde numerosos puntos de la ciudad se avistaba ayer por la tarde la gran columna de humo que se originó.

El siniestro tuvo su origen en las inmediaciones de la ermita de santa Ana, en la margen izquierda del río. Las llamas que se avistaban desde el pueblo llevaron a los vecinos a avisar al Servicio de Emergencias 112 e hicieron temer por el viejo templo, del siglo XVI. Pero el viento jugó a favor de la construcción, llevándose el frente al valle contiguo, por el que discurre el arroyo Valdelabimbre, hacia el monte propiedad de la Junta Vecinal de Ambasaguas. El fuego recorrió los cinco kilómetros, aproximadamente, que, en línea recta, existen entre ambas localidades y la Consejería de Fomento y Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León se vio obligada a declarar el nivel 1 (de 0 a 3), al afectar el fuego a una superficie arbolada superior a las 30 hectáreas.

Tres helicópteros, cuadrillas de tierra y dos autobombas fueron los primeros medios en hacer frente a un fuego al que empujaba el aire hacia el suroeste. Las rachas de viento ponían difícil el control del incendio y hasta la zona llegaban curiosos tanto de la comarca como de otros puntos e incluso de la capital.

Sin embargo, otros miraban por sus bienes, como el caso de un apicultor que en el monte de Ambasaguas tenía 46 colmenas. Enfundado en su traje de faena, llegado desde su localidad de residencia en cuanto conoció el percance, miraba con desolación el humo a las afueras de Ambasaguas: «eran las que más daban —lamentaba—. Y no digo todas, pero quizá hubiera podido salvar algunas». Pero ya era tarde y el riesgo muy alto. Mientras, en una explotación agrícola se afanaban en sacar la maquinaria y alejarla del fuego, para evitar pérdidas en el peor de los casos.

Agentes de la Guardia Civil impedían el paso hacia el monte, mientras los vecinos del pueblo observaban con preocupación la evolución del incendio. «Parecía que no iba a llegar hasta aquí», señalaban. Otros no entendían cómo en un año tan húmedo podía darse semejante siniestro, pero también es cierto que el agua favorece el desarrollo de la vegetación y que los montes se llenen de combustible vegetal.

Al caer la tarde los helicópteros regresaron a sus bases. La noche iba a ser larga para los brigadistas que quedaban en tierra y dos bulldozer trabajaban en perimetrar la zona quemada, evitando el avance del frente. El descenso de la temperatura se convertía en el mejor aliado del operativo de extinción.

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