Santa marina del rey
Ocho siglos de tradición para ensalzar al ajo
El popular producto de la villa se pasea por las calles de la feria en un ambiente distendido con 200 puestos a su disposición.

Un cliente examina ristras de ajos en la feria. JESUS F. SALVADORES
rUBÉN vega | Santa marina
La Feria del Ajo en Santa Marina del Rey suma un año más a su tradición. Además del mercado, en la jornada se pudieron presenciar varios eventos más, uno de ellos el habitual concurso que premia a los mejores productos, este año con dos ganadores ya habituales.
Cuando se dice que Santa Marina del rey es una feria centenaria falta por aportar una cifra. Hace 856 años el Rey Alfonso IX convertía a la villa en su despensa particular. Los agricultores le otorgaban la mitad de su producción a cambio de la exención de cualquier otro pago y de no ir a la guerra. Fue 1162 el primer de una feria que, desde entonces, se repite todos los 18 de julio.
Esta vez no fue ninguna excepción. El alcalde de Santa Marina del Rey, Francisco Javier Álvarez, dató la participación en la feria en unas 20.000 visitas. A las 12 horas, como estaba planeado, marchó con distintas personalidades desde el patio del Ayuntamiento hasta la iglesia parroquial. Entre ellas figuraban el subdelegado del Gobierno en León, el socialista Faustino Sánchez, y la diputada por León del PSOE en el Congreso, María Aurora Flórez.
El buen ambiente comenzó a formarse a media mañana, cuando los vendedores de la zona armaron los tenderetes en una calle estrecha y muy transitada donde podían adquirirse todo tipos de productos artesanales. Desde quesos curados, tartas caseras y cervezas poco habituales hasta cestas de mimbre y adornos de madera de haya. Álvarez cifró el número de puestos en 200.
A esa misma hora se abrió el periodo de inscripción en el que los tenderos presentaron sus ajos y que se cerró a las 14 horas. El concurso aguardaba una novedad, los premios incrementaron su valor en un 25% respecto al año pasado. La mejor cabeza de ajo, mejor ristra y los ajos blancos y morados con una mayor calidad recibirían un plus de 120, 150 y 150 euros. Sin prisa pero sin pausa los concursantes trenzaban sus ringleras y escogían los géneros más vistosos.
La familia Miranda participa en el concurso de ristras. Samuel se resguarda del sol sentado a la sombra en las escaleras exteriores de la iglesia parroquial. En derredor, varios puestos de compra-venta. Según confiesa, su estrategia pretende recordar el cultivo y la cosecha tradicional, sus irregularidades e impurezas. Finalmente vencieron los habituales Tomás Carracedo y María José y, un nuevo productor en el podio, Florencio Lorenzo.
Es habitual ver a feriantes extendiendo los brazos al cielo, sosteniendo y mostrando sus sartas mientras conversan con unos clientes que deciden sobre la marcha si comprar o no. También es corriente ver a señores mayores con sombreros de paja y acarreando mallas pesadas sobre la espalda.
Algunos no fallan ningún 18 de julio para adquirir el popular producto, aunque tampoco se olvidan de la trucha al escabeche, el plato más cotizado en la feria. Ángeles Martínez, de Carrizo, acude a Santa Marina del Rey todos los años y se acerca a un puestito del manjar del que ya es clienta habitual. Para el vendedor, el bocado es, sin duda, la «esencia» del pueblo.