El MSM busca a descendientes de los trabajadores de la Ferrería de San Blas
J.M. Castro | Sabero
El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, en Sabero, pone en marcha la búsqueda de los descendientes de los trabajadores de la Ferrería de San Blas. Los interesados deben de inscribirse previamente en el museo, donde se les entregara una ficha genealógica que deben de cumplimentar antes de acudir a la primera reunión del grupo de trabajo que tendrá lugar el miércoles día 13, a las cinco de la tarde.
A mediados del siglo XIX el Valle de Sabero acogió un gran proyecto empresarial, la primera siderurgia moderna de España, que levantó todo un complejo al estilo de los existentes en Europa y cuya ambición era proveer a España del hierro que necesitaban las incipientes infraestructuras ferroviarias y urbanas que comenzaban a extenderse por el país.
La implantación por parte de la Sociedad Palentino Leonesa de esta industria trajo consigo la contratación de más de dos centenares de trabajadores, que durante casi dos décadas operaron en las minas, los hornos altos y los talleres de la sociedad.
Estos trabajadores mineros y siderúrgicos procedían en parte de la comarca de Sabero, que en aquellos años tenía muy poca población, pero también de otros muchos lugares de España y del extranjero.
De esta forma, la comarca de Sabero fue testigo de un fenómeno migratorio de gran importancia, llegando a la misma decenas de trabajadores procedentes de otros lugares con gran tradición siderúrgica como Málaga o Santander, que incluso dieron lugar a barrios nuevos, como el Barrio del Perchel, en recuerdo al barrio malagueño del mismo nombre. También ingenieros y técnicos procedentes de Francia e Inglaterra se asentaron en la localidad para aplicar en la fundición sus conocimientos sobre el funcionamiento de las nuevas máquinas importadas y de los nuevos procesos implantados.
El fin temprano de la Ferrería de San Blas trajo consigo la marcha de muchos de estos trabajadores y sus familias a otros lugares en pero otros muchos permanecieron en la zona, vinculados a nuevas actividades como la minera.
El profesor e investigador Javier Revilla ha desentrañado parte de la historia de aquellos hombres y mujeres con un minucioso estudio de los libros parroquiales de la época, lo que le ha permitido poner nombre y apellidos a más de un centenar.