Villarrín del Páramo
Un pendón vivo en la memoria
Localizan documentos que certifican la existencia del emblema concejil, al menos, hace tres siglos

El cartel de la calle El Pendón de Villarrín.
Todos los vecinos sabían de su existencia, pero casi nadie lo conoció. Ahora los datos y documentos istóricos avalan que Villarrín del Páramo tuvo pendón concejil, al menos, desde hace casi 300 años. Nada muy distinto a otras localidades de la comarca, pero con sus propias curiosidades y peculiaridades.
Villarrín del Páramo, pedanía del Ayuntamiento de Urdiales del Páramo, cuenta con la parroquia de San Miguel. Se sabe que también existió una ermita en el pueblo que fue demolida hacia el año 1780, cuyos despojos fueron vendidos por la parroquia por 270 reales.
Una vez más, el trabajo de investigación de Javier Benéitez escudriñando los documentos que se conservan en dicha parroquia y los libros de cuentas y fábrica de la misma conservados en el Archivo Histórico Diocesano de León ha dado sus frutos con referencias expresas al pendón que certifican su existencia.
El primer dato aparece en el libro de fábrica que comprende desde los años 1722 a 1762. En su inventario de 1722, en la primera página con título: «Inventario de Alhajas y bienes que tiene esta iglesia parroquial de San Miguel del lugar de Villa Rin del Páramo», en un apunte dice: «Pendón: más un pendón de Damasco encarnado con su cruz de metal, hasta y cordones». Pues ya está. En 1722 había pendón en Villarrín o ‘Villa Rin’, como se denominaba entonces. Y se sabe que era encarnado, como lo confirman también documentos posteriores.
La siguiente noticia aparece al año siguiente, en 1723, en otro inventario que comienza: «Certifico yo, el infrascripto cura de Villa Rin del Páramo. Como el día quince, primer domingo después de la visita de este libro a la misa mayor, hice saber al pueblo todo lo que la visita de Verbo ad Verbum y estos pronto a su cumplimiento y para que conste lo firmo dicho día, mes y año. Manuel González Alonso (firma)». Con apunte que dice: «Más un pendón de damasco encarnado».
Otros datos aparecen en 1757 cuando en las cuentas que rinde el mayordomo Bernabé Castellanos habla de que se dedicaron «treinta reales» a «componer el pendón».
Después, no se sabe cómo ni cuando, el pendón se perdió y casi nadie en el pueblo llegó a conocerlo. Pero en esta localidad no quedó en un olvido total. Tanto es así que es, que se sepa, el único pueblo de la comarca y la provincia que tiene una calle dedicada a este emblema: la calle El Pendón.
Y también surgieron historias y leyendas, imposibles de confirmar hasta la fecha con pruebas documentales, que hablan de que el pendón está, de algún modo, en la memoria colectiva del pueblo. Hay quien dice que la vara mayor se utilizó para el actual balaustre del coro de la iglesia. Otros, en cambio, aseguran que con ella se hicieron unas andas para la Virgen. Así afirma que lo ha oído contar a los mayores Juan Antonio Chamorro Pozo, vecino de la localidad que acompañó a Benéitez en el trabajo de campo de su investigación.
Los otros dos pueblos del municipio, Urdiales y Mansilla recuperaron su pendón en los años 2012 y 2009.