Diario de León
Publicado por
Martín Martínez
León

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Querido hermano: Haces muy requetebién pasar de tantas cosas como se presentan en este mundo, so capa de interés social, económico o político, que luego resultan engañifas, pura filfa de tres al cuarto para ir embobando al personal. Ya no sabe uno en donde buscar al culpable porque todos han realizado cursos intensivos de escabulle. ¿Recuerdas aquella famosa promesa de la que fuera nuestra ministra de Agricultura? Los de Veguellina de Orbigo siguen esperando el santo advenimiento con el que paliar la ausencia de la azucarera y frenar la riada del despoblamiento; y que no les vengan con la milonga del polígono de Villarejo, que en el dedo ya no tienen azúcar para engañar las hambres. Es curioso que, la empresa que le dio matarile a Veguellina anda, ahora, con las mismas en León; creo que antes de afrancesarse, cuando años hubo de sacar la remolacha a gancho se llamaba «Ebro, azúcares y alcoholes»; ahora, cada año, por lo de las fusiones y demás, aparece con distinta denominación, y en cada cambio de nombre se cierra una factoría. ¿Cuánto tardará La Bañeza? Por cierto, que a nuestros vecinos no les paren los bueyes, pero sí les abortan las vacas. Al pasotismo del personal de Valladolid con referencia al circuito, se le añaden nuevas «doloras». Desde Asturias por un lado, y desde Galicia por otro soplan vientos gélidos, como si no fueran pocos los agravios que llevan inventariados los bañezanos con lo de la Vía de la Plata. De haber un aspirante, ya veterano, al circuito de velocidad del N.O., La Bañeza, de golpe y porrazo dicen, de allende el Cebrero y más allá del Pajares que cada uno tiene los estudios correspondientes para implantar sendos circuitos, en los que podrá romperse la crisma quien lo desee. Mucho temen los bañezanos que las respectivas autoridades autonómicas no harán como las de Valladolid; lo que quiere decir que se implicarán hasta los tuétanos, que Fraga y Areces, mientras Juan Vicente enseña nuestro desportillado patrimonio en la Gran Manzana, pondrán los «patacones» necesarios para construir una carretera sin fin, con muchas eses, alguna recta y sus peraltes correspondientes. Y si esto fuere así, lo cual como los bañezanos también temo, ya podemos ir entonando el gori-gori de un circuito nonato e investigar qué clase de alubias vendría bien en los campos de Miñambres o Castrocalbón, tanto monta. Visto está, querido, que por los arribes del Pisuerga, aunque los contertulios regionales nos tachen de victimistas, no soplan vientos favorables para León. Y si es verdad -y lo será pues así lo pregonan- que nuestra provincia es la que más presupuesto toma de las arcas autonómicas, que sepan no están haciendo favor alguno a los leoneses, están dando lo que en justicia es nuestro, que injustamente ya se apañan bien para el barrido. Y aunque quería, hermano, dejar este plañidero asunto, que parece andamos en entierro permanente, he de comunicarte una nueva pérdida, al menos temporal, para Astorga. Ayer mismo han echado el candado a los estudios de lo que fue «Onda Cero». La agonía venía mascándose desde hace un par de meses con el silencio de noticias locales, y el «enganche» a, como se dice ahora la fórmula «Kiss» -o algo así- que me suena parecido al beso de la muerte. Astorga, haciendo honor a su gran tradición informativa, muestra en estos últimos años una gama que pare sí quisieran otras poblaciones aún de más fuste; los diferentes diales radiofónicos, un diario como «El Faro», el semanario «Día 7», creado por el siempre recordado Esteban Carro, sin olvidar las delegaciones que habéis abierto los leoneses. Dime si no es para estar orgullosos. Pero, bien sabes, se han desbocado las apetencias empresariales, el poder mediático, las influencias en los círculos políticos y económicos, mientras el periodismo, como tal, les trae sin cuidado. De lo cual puedo dar fe. Y así Astorga se ha quedado, por esos cambalaches -que los gobiernos consienten» sin una opción informativa. Ayer le dieron el cerrojazo a las noticias locales y comarcales, en una emisora. Hago votos porque impere la sensatez.

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